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PALABRA EN EL VIENTO

 

1-
La palabra se bate con el miedo con el odio
de la entraña del tiempo vivido
del aturdimiento, del momento postergado
de la belleza
del canto imponente
asciende por el aire una mariposa azul
                                    titila en el viento.

Del tiempo de la infamia
                   de la blanca indiferencia
de los murmullos y la risa
                 del reclamo y el perdón
de la noche y sus pesadillas
                     del indescriptible vacío
brotan las palabras         
                        cargadas de sueño y delirio.

2-
Lo no dicho es una forma de pensamiento sin palabras
las palabras juegan a solas
al aire libre se colocan una detrás de otra
                                   imaginando una escalera
el hombre lucha por subir a través de ella.
Estas lo derrotan una y otra vez
las palabras tienen forma
y no están dispuestas a dejarse asir
las palabras se escapan una y otra vez
-algunos creen sostenerse sobre ellas
dominarlas y encontrar la cima-
nada las detiene
las formas juegan con los sentidos
ellas permanecen ocultas, expectantes…

 

BAJO TIERRA

 

1-
Cuerpos mutilados, masas informes
muecas de miedo yacían bajo la tierra
ríos impacientes intentaban borrar marcas de espanto
la tierra se revolcaba al recibir tanto cuerpo junto
el amor de los habitantes había sido extirpado
                                                lamentos en círculo
aquel que se salía era aplastado sin piedad
ni pájaros ni amaneceres ni cantos
impacientes buscaban caminos todos transitados
ciudad revisitada con sus nubes cargadas
el amor estaba hecho a la medida de sus semejantes
desgraciados cantaban eternas letanías
                                           no había calma.

2-
Bellos hombres agujereados de espalda
                                      de frente, en la cabeza
cuerpos tensos y mirada atónita
un vaho sale de su cuerpo
jóvenes alegres guiados -sin saber-
                            en la ruta de la noche
el trazado en su piel joven
                     el bello fulgor en su rostro
 lenguaje de sombras y silencio
señas y silbos extraños rondan sus cabezas
sus familias aletargadas esperan…
el tiempo desciende y abre la puerta
la noche entra en sus aposentos
                               -nadie sabe nada-
extraviados de sí
recorren un largo túnel negro sin luz al final.
                                      
3-
Acuérdate que por allá hay gente mala
                                        asesinan por encargo
se toman la vía, hacen redadas
si el sol está de frente
                         matan sin piedad
extraña tierra esta
hombres de mirada feroz
-  cuchillo, metralla, bomba -
                     tierra caliente y sin freno.     

 

 

FALSA FRONTERA

 

Visité por milésima vez
un edificio en ruinas  
en el que habite en los años sesenta
recorría unas escaleras oscuras
que siempre me infundieron miedo
hombres ocultos en las tinieblas
observaban pasivamente
increíble haber sobrevivido
a ese edificio siniestro.

Viajaba sola atisbando
en medio de ladrillos mohosos
una vida ajena y extraña:
transeúntes sonrientes visitados por la lluvia
una canción olvidada
una niña con ojos vendados
mirada fijamente por un hombre corpulento
el edificio en ruinas había sido derrumbado
la memoria se perdía en una visión verde
de un parque habitado por malandros.

 

DOMINIO DE MAR

 

Allí en la plaza inmensa de color ocre
sobre el agua
se daban cita personajes estrafalarios
ciudad recorrida por canales, agua quieta
escaleras infinitas que conducen a tesoros
                                          siempre descubiertos
diversidad de lenguas, gustos, trajes
ciudad milenaria, guardada para todos
zaguanes, plazas, laberintos
el tiempo detenido
cristales, botellas de colores y figuras inusitadas
la humanidad en su más bella expresión
la fascinación de la novedad, la observación, la sonrisa
capillas, cúpulas, góndolas revestidas de misterio
donde cualquiera se despoja de sus corazas más indestructibles
ciudad revisitada con su idioma cantarín
guardo una pequeña máscara que me acompaña desde entonces
y me recuerda ese lugar de la tierra indescriptible, asombroso y cierto
allí a la espera de todo y de nada.        

 

ROJO AL VIENTO

 

Correr, correr, correr
cabello rojo al viento
tren amarillo
labios carnosos que esperan unos ojos oscuros
correr, correr, correr
piel temblando
luz vertical, saxofón prolongado
ojos a lo largo de muros infinitos
el juego del azar en busca de la fortuna
caída sin lamento
un gran alarido, rostros descompuestos, sordos
la ambulancia con un moribundo adentro
sobrevivir, correr, sobrevivir
.

 

ESCARLATA

 

Soñé con un leopardo que dormía
bajo mi cama
era inexplicable el motivo de tenerlo
por falta de costumbre olvidaba darle alimento
debilitado se extinguía lentamente…
en la noche para sobrevivir
                           pronto daría el zarpazo.

Un leopardo agazapado acechaba mi casa
la noche entraba y reclinaba su cuerpo
la puerta entreabierta…
el cuerpo desgarrado pintaba de escarlata la noche.

 

LAS FORMAS DEL VACIO

Dentro de un gran salón hay una mesa enorme de billar
sus esferas de diversos colores se mueven
                                 sobre la pizarra verde
en penumbra hombres silenciosos
se desplazan en una danza lenta y alegre
observo detenida como una vela se derrama
                               y cae sobre la tela
una lámpara y un reloj diseñan la forma del olvido
desde la calle un hombre
entra armado buscando una mujer
la que lo observa cae lenta
                             con un tiro en la frente
el sonido lejano de una carambola
el billar se ilumina
amedrentados por el pistolero
salen uno a uno a la noche fría
un día más donde vivir es un milagro.

 

ANTORCHAS

 

En silencio profundo
la multitud persistía bajo el sol y la lluvia
sombrillas de múltiples colores
rostros brillantes, cabellos húmedos,
                                miradas concentradas
lenguas diversas subían los escalones,
                             trepaban y abrazaban los cuerpos
el miedo había sido desalojado
la belleza de la noche se abalanzaba sobre la tarde
el susurro, el grito, el aplauso
todo tenía su lugar
ojos negros, verdes, azules, pieles sobrepuestas
cabellos húmedos al aire
la risa y su silbo misterioso.

Caía la noche con sus antorchas
resultaba extraño y maravilloso
aquella comunión de cuerpos y manos
                                  a la sombra del habla
el miedo había sido desalojado
el asombro de la expresión
palabra tocada, besada, atrapada
el poema se rendía ante la belleza
                                concentrada de la multitud

 

CICATRICES

La mancha roja sobre la tierra negra crece sin control
miles de bocas gritan tras un velo negro
las heridas de la piel bajo los mantos
                                    las cicatrices profundas
moscas revolotean sobre el inmenso pozo
las piedras quieren rebelarse
el continente se estremece ante el odio y la indiferencia
una muralla de tradición y atraso
                                    crece hacia adentro y hacia fuera
el tiempo de un mundo sin violencia se asoma con miedo
gritos tapiados hacen temblar la tierra
mantos y burkas vuelan sobre la ciudad
una gran hoguera ilumina la noche
                                    calcinado lo que no sirve
enfermos de guerra, armas, hombres bestiales
                                    fanáticos, religiones…
el horror no quiere más horror
la sangre llama a la sangre
voces, coros sobre la ciudad
pájaros abismados vuelan en circulo
hemos llegado al limite
las manos construyen una escalera de fuga
sin dioses aplastantes, ni cultos milenarios
una luz que difumine el lienzo rojo
una luz desde las profundas entrañas de la tierra.

 

SOLO

Hombre solo muy solo
                          sin mueca de risa
su mayor pasión contemplar muchachos
correr tras un balón, gambetear
observar muslos, piernas, rodillas
su fascinación imaginar
esos hombres enlazados en su piel
hipnotizado ve una danza vibrante y fuerte
el gol le produce un espasmo…un hachazo
un corrientazo que lo deja sin aire…
sale a la calle en medio de la oscuridad
en busca de un joven que lo arrebate
                                                 y despoje…

 

 

GRABADO

 

En la penumbra del salón la noche se escurre lenta
una manada de caballos azules pasa a través de la ventana
la palabra abraza a los presentes, miradas sonrientes
atentos se invaden de ideas, todos quieren hablar
poema a varias manos, genial, intraducible
rostros ocultos, serios, alegres
la emoción el descontrol piedra brillante
la música como hilo invisible besa los cuerpos
en la mesa aletargados, bellos hombres se disponen a la danza
los cuerpos se mecen en el aire
muchachas de vestidos cortos muestran sus largas piernas
voces, susurros, palabras se toman el lugar
todo dejo de ser oscuro
el tiempo del vino y el dialogo
lugar inolvidable, visitado por presentes y acompañado de fantasmas
cuerpos entrelazados, manos alrededor del cuello la espalda
maravilloso lugar de la palabra
donde la música es el acople perfecto del cuerpo
palabras de hermosos colores caen en mi copa
todos a un mismo tiempo corean el poema
una manada de caballos azules pasa a través de la ventana
                          lugar de la noche para el asombro.

 

 

VERDE
                                                                              

El día y la noche son un canto alegre en mi oído
la ciudad con sus múltiples verdes
                                            acostados al sol
hombres y mujeres de mi ciudad con búsquedas particulares
la mujer con su voz negra
mi entusiasmo abierto a los demás
el silbido del adolescente en búsqueda del amor
el canto ceremonioso y contundente de fuertes voces
                                            me hace temblar de emoción
el cielo azul y este clima espléndido
ciudad abierta a todos
con sus cometas de múltiples colores.

Me deslizo por caminos abiertos
                   donde sombras palpitantes escudriñan
la luna ilumina la noche
jóvenes despiertos se mecen en el baile
la música telón de fondo apaga las voces estridentes
ebrios son jalados por indeseables
mujeres desprovistas de pudor
                     se pasean por calles colmadas de gente
parejas abrazadas a su momento palpitan locamente
el amor iluminado un instante.

Todo se agita, todo se mueve y desvanece en el aire
la noche prestada para abandonos sublimes
por paredes de la noche suben hombres musculosos
la noche se ilumina con destellos de fuegos artificiales
desde diversos lugares voces contundentes nos llaman, nos cantan
toda la diversidad y las lenguas del mundo
todo es leve y sin peso
mi ciudad anhelada desprovista de miedo.


 

 

 

 

 

 

Eugenia Sánchez Nieto

Bogotá 1953

Poeta, título de Filosofa de la Universidad Nacional, 1987. Especialista en Administración y Planeación del Desarrollo Regional Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia, 1993. Libros Publicados: Que Venga El tiempo Que Nos Prenda, Ulrika Editores, Bogotá, Colombia, 1985;Con La Venia De Los Heliotropos, Ulrika Editores, Bogotá, Colombia, 1990; Las Puertas De Lo Invisible (Cuaderno), Centro Colombo Americano, Bogotá, Colombia, 1993; Visibles Ademanes (Cuaderno), Colección Viernes de Poesía, Universidad Nacional, Bogotá, Colombia, 2004; Dominios Cruzados, Colección 50 poetas colombianos, Caza de Libros, Ibagué, Colombia, 2010; Visibles Ademanes, colección Un libro Por Centavos, Universidad Externado de Colombia, 2013; Lo Inasible, Editorial Uniediciones, Bogotá 2017. Entre otros reconocimientos: Premio Nacional de Poesía Hormiga Editores, Bogotá, Colombia 1984; Segundo Lugar en el Concurso Nacional de Poesía Luis Carlos López, Cartagena, Colombia, 1989; Beca de creación en la modalidad de poesía, Colcultura, Bogotá, Colombia, 1995. Lleva un blog dedicado a la poesía y al cuento colombiano.

El oficio de lidiar con fantasmas

 

                                                      Nelson Romero

 

La poesía de Eugenia Sánchez Nieto ha sido para mí un referente personal en el ámbito de las primeras lecturas que me acercaron a la poesía colombiana contemporánea desde sus iniciales libros Que venga el tiempo que nos prenda (1985) y Con la venia de los heliotropos (1990). Su palabra poética para ese entonces me ayudó a abrir las puertas al asombro y me permitió el ingreso al extravío, que es el oficio de lidiar con fantasmas. Ese ha sido el destino de la poesía de Sánchez Nieto: lidiar con fantasmas. Así leo su antología personal Dominios cruzados (Caza de Libros: 2010), en el llamado que me hacen sus poemas desde el espacio de los extrañamientos, de los laberintos interiores y de las imágenes sugerentes, a veces con un lenguaje sin miedo para nombrar el miedo: “Este es un tiempo extraño/ donde el crimen es un lobo de templos”.

La pandemia de la poesía colombiana de las últimas tendencias parece huérfana de realidad, la mayoría de los poetas escriben de espaldas a ella dejando su oscuridad intacta, donde reposa el vertedero poético de los dominios cruzados con sus miedos y sus penumbras, sus violencias y sus enigmas, lo cual raras veces encuentra voces capaces de expresar con dignidad poética esas pulsiones del mundo. Eugenia Sánchez, a partir de los títulos de algunos de sus poemas (“Realidades oscuras”, “Lugares perdidos”, “Sombras”, “Habitación invisible”, “adversos dominios”, “Zonas oscuras”, etc.), le teje sentidos a la realidad, trasfondos donde halla forma el libro; lugares concretos, visibles e invisibles, son transformados por la abstracción poética a través de un lenguaje donde concurren imágenes del despedazamiento, en procura de darle mundo propio al poema: la realidad y su carga de imaginación como un drama de la conciencia, los cuartos como un espectáculo violento de encerramiento del mundo de sus moradores; el rostro, el espejo y el tiempo como sublimación de la máscara.

Entre el yo y la realidad hay una fragmentación de la historia personal y colectiva que el lenguaje testimonia desde la imagen laberíntica, suspendida en el ritmo, que toma de los múltiples pedazos del espacio del drama la forma de la expresión. En esto radica su manera personal de decir: “El pensamiento no funciona (…) lugar vacío, lugar perdido, resbala la mentira/ los cerros se trasladan/ fosas comunes bordeadas de múltiples cuerpos/ la paz sobre la muerte”. La forma en que Sánchez Nieto le construye su propio lugar de abolición al poema, me atrae; ese juego de espejos interiores entre la palabra y lo que nombra, hace de la imagen bíblica de David un desconocido de sí mismo: “Al mirarme al espejo no estaba allí (…)/ permanecí largo tiempo procurando recuperar mi imagen (…)/ en varios espejos a la vez me buscaba”.

El libro Dominios cruzados tiene como eje tres motivos centrales: la realidad y el hombre como juego de máscaras (“Lo que oculta el espejo”), la cotidianidad del habitante urbano frente a la negación de la belleza a través de una expresión dura (“Belleza partida”) y el diálogo íntimo de los seres que nombran el amor desde “su piel más oscura” (“Ventura del deseo”). El drama como movimiento de la imagen por reconstruirse en los espacios violentos designa una realidad vista desde lo onírico, pero un onirismo más cercano a la pesadilla como vía para expresar la realidad, el tiempo y el espacio interior del habitante y también el espacio urbano en sus zonas más oscuras. La función del poema es fundarnos lo invisible, sólo visible en la lectura: “Desde la ventana/ observo una mujer en todo igual a mí/ con un candelabro en la mano/ espía perpleja desde la calle”. Puede ser la misma mujer que en el poema “Lento” la lleva “por corredores maravillosos/paisajes secretos, personajes asombros, voces misteriosas/ infinidad de imágenes y colores”, es decir, máscaras de máscaras.
La poesía de Eugenia Sánchez Nieto confirma su acierto y nos señala el extravío desde donde se reinventa a través de sus libros y de un oficio secreto, sin báculos ajenos a no ser la confianza en su propio oficio, sincero y callado.

 

Nelson Romero Guzmán Poeta y profesor. Licenciado en Filosofía y Letras, Universidad Santo Tomas 

 

_______________

 

Con la venia de los heliotropos Eugenia Sánchez Nieto Ulrika Editores, Bogotá, 84 págs.

                                                                                                   Rafael Patiño

Una cubierta oníricamente cubista que nos evoca a Chagall preludia el mundo ensoñado que contiene. Antes de entrar en materia, debo advertir que mi apreciación proviene de una mirada de poeta más que de una visión de critico. Las influencias, aunque perceptibles, han sido asimiladas; la autora posee una voz muy personal. Voy e invito a un viaje singular a través de estos textos poéticos, ya desligados de su autora y ahora librados al azar de nuestras múltiples lecturas.

Tras una primera mirada lo que se evidencia es que éste es un libro de la noche, de la sombra, femenino y lunar, donde el acontecimiento mágico se muestra como algo cotidiano y normal y en el que la que escribe se apasiona al punto que entra en la piel de otros, sus otros yos. La que habla en los poemas (y hago esta distinción, porque el poeta siempre dice más de lo que cree decir) se identifica con la hechicera con la bruja, desde el primer momento hace uso de sus atributos, en fin, actúa como ella, desatando y usando las fuerzas naturales, incluso para moverse: "El viento sopla, sopla fuerte, / Me elevo..." (página. 10), o ejerce su amor lascivo: "a fuerza de fascinación fui tu bruja en noches sabáticas" (página. 13), o se encuentra con su doble, que en fin de cuentas no es más que una ilusión: "a lo lejos una mujer pálida hace señas ¡7...] es un espejo, es otra igual a mí" (página. 9), pero ésta, su doble, "había sido víctima de la inquisición" (página. 10). El poder de volar y otros atributos que aparecen, a pesar del modo manifiesto como son expresados, tienen un carácter ambiguo que hay en la irrealidad del espejo, de la noche, de la oscuridad, del sueño, obsesiones de la autora que atraviesan el libro, haciendo que los poemas se den en atmósferas "irrealmente reales": "Yo en mi realidad fantasmagórica/ Vuelo como bruja del siglo veinte" (página. 13), pues "en el sueño cualquier cosa puede suceder" (página. 21), y por esa razón, quizá, por los poemas corren esos fantasmas con nombre propio, presencias que ya se dieron en un primer libro: Que venga el tiempo que nos prenda, de la misma editorial. Es así como: "sabe [ella] que hay una oscuridad cruzada de voces"(página. 11), o son "formas quiméricas... ciertas apariciones.., ocasionadas por fiebre violenta" (página. 13), y "un hombre... pero no era un hombre, era un ser endemoniado... cuadros de donde se desprendían las más sobrenaturales figuras... monstruos de piel viscosa" (página. 23); incluso la presencia más normal puede ser "un hombre de rostro misterioso" (página. 23).

La autora se manifiesta obsedida por sus presencias interiores, por esos extraños productos mentales: "Sólo el pensamiento, esa pesadilla, me acompañará (página. 29). En otra parte uno de esos fantasmas es el deseo mismo: "Aquel invisible a los demás! ¡A las horas más inesperadas! Posee tu cuerpo... el deseo, ave de vuelo" (página. 37). Este otro se evidencia como una presencia vampiresca: "Deseo beber sangre... murmura febrilmente! Mientras acaricia el cuello de la desconocida" (página. 39), o simplemente: "tus fantasmas se entregan al delirio" (página. 43); en fin, la poeta cree ejercer un conjuro sobre sus obsesiones haciéndose invisible: "Ángeles extraviados le castigan, le increpan, ¡invisible, huye" (página. 47), o haciéndolas invisibles: "magos invisibles ocuparon el lugar" (pág. 49), a pesar de lo cual, persisten: "Múltiples rostros en urnas de cristal que ríen y/Le acosan.., rocas enormes que toman formas humanas... Mirarás el espejo que refleja un rostro que no es el tuyo/Alguien que te aterra por la semejanza y extrañeza" (pág. 51). Son, pues, tales presencias multiformes, parte del sistema óseo que sostiene la anatomía, el cuerpo del libro, lo que lo cohesiona, a pesar de la intención que la autora haya tenido al escribir, y a pesar de los otros (múltiples) elementos que aparecen a través del libro, pues, como lo apuntamos antes, la poeta se evidencia como oficiante de lo oculto y dentro de ese trasmundo en donde vive: "Salen las brujas... en busca del bebedizo de la vida y la muerte" (pág. 65). A través de todo el libro es la mujer (la hechicera  la que tiene las riendas, ejerce la fascinación o el miedo, penetra en los sueños de los hombres: "la mujer que llora en el espanto y asusta a los vigilantes" (pág. 11): "A fuerza de fascinación... / Con el doble poder sometía tu voluntad" (pág. 13) "la dulce y seductora, Irene/Quien con su mirada propiciaba los más funestos encuentros" (pág. 27)... "Encontrarás una virgen tocando la Cítara/ Tomará tu mano... / seguramente el miedo se hará dueño de ti, desearás huir" (pág. 51)... "después de orar... ¡ salen las brujas a convertir príncipes en sapos.../y cada vez hay un desfile más amplio de brujas... ¿quién podría resistirse?/ Los pocos hombres... se han encerrado en la iglesia" (pág. 65), .aquella hermosa quien le apuntaba con un revólver/ ...herido... / balbuceaba: es la loca, la poeta, la mujer que me inventa (pág. 79).
El buen manejo del lenguaje se evidencia; hay soltura y cadencia y los términos son usados con propiedad; poesía de imágenes fuertes y tono lírico que remite casi siempre a atmósferas desdibujadas donde el acontecimiento referido está pronto a esfumarse dejando al lector la sensación de espejismos sucesivos, situaciones fantasmales incluso en el amor, en esos cuerpos febriles y ardorosos, productos del sueño, del recuerdo, de la fiebre.

A través del libro se consolida la idea de que la autora, a pesar de que ciertas obsesiones las compartan muchos poetas, utilizan un lenguaje muy suyo, en el que se deja sentir la influencia de muchas vertientes poéticas, de muchos poetas: Lautreamont y otros malditos; la presencia continua de la bruja nos recuerda a Jules Michelet; fenómenos propios de artilugios mágicos nos hacen recordar a los autores ocultistas, en particular a Carlos Castañeda y a sus descripciones de los usos y actos brujeriles en cabeza de don Juan, don Genaro y sus discípulos. También se puede hablar de influencias de los grandes líricos modernos, lo mismo que de los románticos alemanes. Existen coincidencias con poetas contemporáneos de nuestro país:
En el poema La rueda de la razón se dice: "De mi oído escapan pequeños hombrecitos/ Susurran una jerga ininteligible, soplan fuego...", lo que hace evocar la definición que da Raúl Henao: "El poeta, ese hombrecito, sudoroso que sopla fuego al oído... y en El pálido ebrio: "Era comedor de luna", que coincide en esta singular "lunofagia" con "los comedores de luna" de un poema del libro Horas verticales de Gabriel Jaime Arango T. Por encima de todo ello, la autora conquista su sitio en la poesía actual de nuestro país, incluso en Latinoamérica, poesía en la que con sus dos libros descuella, por la fuerza de su voz, por lo singular de su estilo anfractuoso pero coherente, con esa coherencia que tiene la locura lúcida (el "desatino controlado" de los brujos), la maravillosa locura de ser poeta.

Es necesario recorrer varias veces este libro (cuyo tituló, solar, no guarda, a mi parecer, relación con la nocturnidad, con el carácter lunar y femenino de sus poemas), puesto que toda buena poesía es esquiva a una primera mirada y sólo devela sus múltiples sentidos, sus gemas y tesoros, tras sucesivas lecturas.
No sólo por el epígrafe inicial sino por el tono de coloquio, recordamos a Eliot; por la actitud francamente feroz de algunos de esos personajes fantasmales se ha de hablar de influencias de sueño, del recuerdo, de la fiebre, pero siempre rodeados por esas "otras presencias". A propósito, cito aquí el poema Abismos: "Se amaron en silencio/ Otros cuerpos soñaban a su lado,/ Casi sin aire se barrenan, se auscultan. / Desean perdurar en el lugar del combate,/ Amanecer cada uno con el corazón del otro".

                                                                      Rafael Patiño Góez Poeta pintor y traductor