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Sirio

Antínoo, tendidos en la hierba
observemos a Sirio
y amemos el hechizo
de su lejanía,
la belleza de su brillo
en nuestros ojos de asombro,
la certeza de que no hay distancias
más crueles que las del alma;

resplandezcamos con su luz
sin indagarle nada
-jamás se nos revelaría el enigma
que nos ha reunido en esta vida-
                                              
Observemos a Sirio esta noche,
en ardoroso silencio…
así escucharemos la voz
que ningún secreto nos niega.

Honda

Envidias
la libertad del pájaro que pasa
y por un momento quisieras transmutar
tu figura
tus miserias
tus ilusiones
en ese frágil destello de la tarde,
olvidando que el pájaro cumple
con sus inagotables oficios:

provisiones          migraciones          nidadas

y están además sus constantes peligros:
la simple honda
de un chicuelo, por ejemplo.

Envidias
la libertad del pájaro
que por un momento arroba tu esencia.
Mira un poco más alto:

¿Ves cómo la gran honda que es el Universo
nos apunta desde siempre ?


El instante

Antínoo, apresta tu oído
para las Ideas del poema,
para su Música leve.

El instante suele ser eso:
destello, brevísima ofrenda.

Has de percibirlo,
aprehenderlo y traducirlo
entre las líneas del poema.

Con exquisita calma vendrá luego
el laborioso oficio de quien pule
en su intimidad una piedra preciosa.

No olvides ni postergues
los sagrados ritos de tus oraciones.
Celosos como son, los dioses acogerán
con primor tus ofrendas más puras.
Y de nuevo le otorgarán a tu Palabra
-mañana, en otros instantes similares-
las Riendas,
la Belleza al viento
y la Fuerza
que la Poesía tanto nos solicita.

Lección de historia

La historia
tal vez dirá un día
que yo, el Emperador Adriano,
no pudo gobernar en su corazón:
ese reino donde campeó el amor
a sus anchas, inmisericorde,
bajo el doloroso nombre de Antínoo.

Y no habrá error
al afirmarse tal hecho.

Solo ese territorio tan íntimo,
tan engañoso y diminuto,
tan cruel en su vastedad,
logra doblegar solitario
-desarmado y desnudo-
aquel supuesto y débil poder
que en vano ostenta
la vanidad de los hombres.

 

Destino

Antínoo, de sueños nos han tejido:
allí el perfil, un sesgo incierto,
unos gestos, cierto humor
y esa tu manera de mirar.

Ya está tu destino.
A la medida te han hecho.
No a tu medida.

Ahora, a soñar.

Lentamente tejes
tus sombras futuras
–tu otra sombra-
que también soñará
que pasar es vivir.
-Asunto del tiempo,
no de nosotros-

Moldeas otro cuerpo
que dices amar -¡y amas!-
vacías tu amargo en él,
predices tu reino íntimo,
tu gloria tuya,
y a veces hasta vibras
bullendo ese icor que te impulsa.

Vano intento así la idea de los dioses
nos ayude.
Llamados al Vacío,
nada nos pertenece.
Ni la Luz ni la Noche.
Ni este beso.

Tejemos sueños
de sueños soñados.   
Y lo sabemos.

 

Guerrero

El guerrero
ha perdido el camino
a casa;

Los dioses del amor,
silenciosos, apenas una brisa,
condolidos lo contemplan.

Mas a su alrededor
solo precisa vislumbrar
un asombrado desierto;
lo más importante
lo ignora:

Ni el camino
ni la patria
existen ya.
Ni siquiera él.

 

Poesía

Gracias Poesía,
por desbrozar de malas sombras
mis tantos caminos transitados
y permitirme la voz de los vientos
para nombrar y exaltar tus dones;
por haberme fraguado en barro
un corazón de hombre: bitácora
de dichas y tristezas terrenales.

Todo cuanto recibo del universo
en ti lo confío, Poesía, por saberte
mi religión y mi coraza.                                          

Si poco te he podido ofrendar,
te regocijo en el fulgor de la lluvia
y te celebro entre tus árboles,
en los gritos de tus pájaros,
en toda luz y en los sueños
que tus días y tus noches
me prodigan.

Confieso que siempre te presentí
en mis solas soledades y amé
tu piel en el dulce misterio
de los cuerpos que abracé
y que me abrasaron.

A tu manto me acojo
y tu nombre invoco, Poesía:
que tu música serene mis saudades,
alivie el colosal fardo del tiempo y
acalle tanto falso canto de sirenas.
Protégeme de mi propio olvido
y no sueltes nunca mi mano.
Loada sea tu esencia.

 

Hernán Vargascarreño
Zapatoca, Santander 1960

 

Docente de literatura egresado de la UIS. Dirige la revista de poesía Exilio. Entre otras, ha recibido las siguientes distinciones: Premio Nacional de Poesía Antonio Llanos (Cali 2000); segundo finalista en el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá IDCT (2002); Premio Nacional de Poesía sin banderas de la Casa Silva (2003); Premio Nacional de Poesía José Manuel Arango (2010). En el 2012 fue uno de los docentes ganadores del Concurso Nacional de cuento Ministerio de Educación-RCN, con el cuento Morir un poco, en el que relata el suicidio de la poeta María Mercedes Carranza. Libros publicados: País íntimo (2003), Piedra a piedra (2010), Tempus (2014), El viaje -antología personal- (2014), Montuno (2016). Es autor de las traducciones publicadas en las antologías Almenas del tiempo, de Edgar Lee Masters (2012), ¿Quién mora en estas oscuridades?, de Emily Dickinson (2014) y Antínoo, de Fernando Pessoa (2015).