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I

Muy pronto los pájaros
tendrán que anidar en los satélites,
estamos sitiados.
Habremos de migrar hacia los circos
o morir como dinosaurios.

Existe el origen en la nulidad de la evidencia?

La vida es un embrujo estereoscópico,
nos hemos magnificado hasta la desfiguración.
Ahora libramos
una batalla holográfica con el instinto
y tal vez
soñemos que triunfamos


IV

El asesino es un ser esencial,
comprende la gramática de las sombras,
topografía del horror.
Pronto yo también, porque me entreno.
Los suicidas son mis peores rivales,
les soy siniestramente inofensivo.
Para cada solitario perdura la necesidad de herirse.
Se debe aprender bien
la geografía de las líneas
para cruzar a salvo una avenida prismática


XVIII

Los espectros violan en las tumbas
llenas de sacerdotes sojuzgados,
sus graníticas conciencias.
A través de la caída puedo verlos
en la boca de los cometas
y más tarde lapidados por los meteoros.
Yo soy el heredero de la nada,
en esta guerrilla de tiempos
me da igual si hoy
hay lava en los espejos
o una mujer
con luciernagas en los senos.
De todas formas tengo
una barba llena de rituales
y brazos en cada esquina del mundo
hurgando los oráculos.


XIX

Hoy es el día para peinar los tifones
y de nuevo
arrojarnos por los rieles de la locura.
Quiero ser domesticado por los telescopios,
nadie impedirá que se amontonen
otras lunas en mi pecho.
Ha comenzado la hibernación de la palabra,
el último hombre sin antenas ya fue eliminado.
Cayó donde más visibles
son las alucinaciones,
en el terror de los solitarios.
Se abre el fondo
para la excursión al extravío
y no importa
si tampoco me pierdo.
Hoy la memoria ha dejado
todos los pinceles acabados.


XXI

Ciudad, espejo roto
me gusta hibernar en los tejados
no encuentro nada en el cielo.
Detrás de mis párpados
habrá de perderse Helios
sentado en su carro de sol
con las riendas partidas
y las ruedas destrozadas.
El soñador de los desastres me dijo alguna vez,
basta el aroma de los escombros para saber
si bajarán ángeles o demonios.
El crimen no es igual si no brillan
en el fondo las entrañas,
si las cejas no se trenzan al dolor.
Por la carne debe el inocente,
el asesino por la mirada.
La ciudad es un verso enfermo
que todos hemos padecido.


XXII

Sólo el experto enemigo
sabrá herirnos con el pensamiento.
A él cada espejo le será verdadero
y no podrá reconocerse,
a veces una mirada
desdibuja lo que hemos callado.
Todo intervalo es un cálculo,
nuestro lugar siempre estará
delante del incendio
para entrever en el fuego, estriado esencial,
su adivinanza.
Gonzalo Urrea
Bogotá 1974


Los poemas que presentamos a continuación hacen parte del libro Ácido estereoscópico, publicado en 1998. (Aún no hemos logrado conseguir los datos del autor)