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Claro de luna


¿Los yunques y crisoles de tu alma
Trabajan para el polvo y para el viento?


El mundo se hace eterno si uno espera
no es que el tiempo no pase
sólo se le oye
persiste en su raíz como de piedra
igual que esas calles
que tienen una esquina
pero que no doblan nunca.
Quién sin mentir supo de sí mientras la espera
o vio pasar palomas por su frente
si todo era una estática agonía
un espasmo de luz en la garganta
un escozor de frío en el costado
imposible así el gesto o la palabra.
Hay que esperar de todos modos se nos dice
por Dios, el amor, el documento,
que ruede cada aurora hasta su centro
y su fin sea de luz y luz lo que bendice.
Yo me resisto al agua ensimismada
a volver a calcar todos los días
la culpa o el sol
equidistantemente
preferible esperar sólo una vez por lo que sea
o una segunda ma non tropo
que tener que vivir prto mañana.


Proposición

Limitarse a vivir
estrictamente.
Evitar el crepúsculo
evitar la alborada.
Tal vez dejar pasar el tiempo
sin premura
y esperar a que pases
de repente.


Un día olvidaré los nombres que he aprendido.../

Un día olvidaré los nombres que he aprendido
olvidaré los rostros amados
las calles por donde se han ido mis pasos.
Un día guardaré la memoria bajo tierra
dejaré todo a merced del viento
y abriré mis brazos
para que entre la noche.
No será suficiente
pero mi corazón latirá sin prisa


Salón de belleza

No es sólo el olor de la laca
disputándose el aire
ni la señora que tiñe el lunes
de amarillo profundo
tampoco son las caricias
derrotadas por el suelo
como un triste rocío.
Hay algo de jardín
algo de nube blanca
de extraña conjunción de gestos
que transparenta las formas hasta el riesgo.
A lo mejor algún día
se rebelan los astros
y morimos de miedo


Calle 72 con carrera 24.
(Lamento por los troles)

Malheridos
como vientres apagados
como animales cansados
yacen los troles su abandono.
No esperan nada
quizá que el tiempo pase
y se apague definitivamente el cielo
no los toca la herrumbre
ni los toca el viento
no puede nada contra ellos
la ingratitud o el desaliento infinito de los hombres
porque son seres que la ciudad sigue viendo pasar
en el inevitable episodio del recuerdo.
Pero sufro su ausencia de esta vida
me duele verlos opacos, casi yertos
ocultos entre muros altísimos
solos para siempre solos.
Mi infancia está llena de esos seres enormes
yo esperaba feliz su eléctrica hermosura
su sonido de ballena en el aire
su paso de gigante ingrávido
yo era dichoso con sólo presentir su llegada
puedo ver a mi madre levantando el brazo
y yo en medio de la gente
con los oídos llenos de electrones magníficos.
¡Oh insensatez humana!
devolved al mundo estas formas enormes
para saber la talla exacta
de la muerte que espera
.

 

 

Juan Carlos Bayona
Bogotá 1959

Estudió bachillerato en el Gimnasio Moderno, filosofía y letras en la Universidad del Rosario y ciencias de la educación en la Universidad Complutense de Madrid. Fue rector del Colegio del Rosario (Quinta Mutis). Actualmente es rector del Gimnasio Moderno. Publicaciones: Tres poetas bogotanos (1986); Los lagos del deshielo (Madrid 1992) y La isla era el tesoro (colectivo 1999)