Counter Stats
accomodation gold coast
accomodation gold coast Counter

 

Tarde innombrada

¿Será que esta tarde se llama
Emma o Desideria o Elisa?
¡Ah! Quiero llamar a esta tarde
que me desviste y me lleva
hasta un pozo sin golondrinas.
Estoy yéndome en un galpón andante
en el que los nombres se desmenuzan
antes de hacerme señales de despedida.
Tengo un espejo íntimo
porque la soledad me derrama susurros
yéndose a deambular a oscuras.
Ella me pide que guarde su muerte
que la preceda en la tarde innombrada
tan liviana desde aquí sobre la yerba
como un inconsciente suave.

Quisiera oír repicar campanas
para escucharlas bañándome en el líquido
inescrutable del pozo.

¿Cómo ponerle entonces nombre a esta tarde
que lo aborda todo?
Si hubiera remolinos de hojas repasando Evangelios
podría llamarse Fermina.
Desde el galpón hundido avistaría los sueños.


Con Penélope

Algunas veces estoy con Penélope
que ahora tiene los ojos con colinas azules.
Me gusta estar con alguien que haya esperado tanto
hasta que la lengua se le escondiera
como un valle seco.
Tiene las manos hinchadas
y los pies arqueados entre espumas.
El corazón se le hizo una madeja
del único color de la angustia.

Hay días en que nos sentamos
al lado de una mujer como ésta
que se quedó en el mundo sola con su nombre
y con una cabellera larga
de hilos cortados y unidos
que se extienden por el aire.

A las mujeres
se nos van herrumbrando los cabellos
como a las embarcaciones
aunque no nos vayamos al mar.
Sólo nos quedan las mejillas agridulces
la cercanía de las palabras con nuestros labios
y el roce del viento más antiguo
atravesándonos los ojos.


Para irme

Ayúdame a escapar.
Se llenaron mis sitios como de muerte
y quiero hallar una puerta hacia la isla ajena
que anoche soñé.
Me persigue mi propia sombra
que no quiere repetirse en este pueblo.
Me estoy volviendo misteriosa
y mi sangre se empoza
en la punta de mis dedos.

Por eso debo irme
a caminar
a conversarle a los hombres
con aromas de manzanas en la boca.

Marta Royo

San José de Costa Rica 1942

Graduada en filología española y estudios clásicos. Profesora de españo. Ha publicado un libro de poemas, Recobrando la voz. Formó parte de las poetas incluidas en la antología Opera Prima en 1997.

Las voces de Marta Royo.
Libro Tras el manto (Aire en el Agua Editores)

Por álvaro mata guillé.

¿ Es necesaria la poesía –reflexionarla, leerla, hablar de ella–, son importantes las manifestaciones culturales –la danza, el teatro, los lenguajes– o sentarse a escribir, como lo hago, algunas líneas sobre un libro de poesía?

La historia de la escritura es antigua, pasa del aliento al sonido, del grito al canto y a los signos que recogen fragmentos del sonido hechos voz, que articulada cuenta las sensaciones, las imágenes y luego las experiencias, encontrándose primero en las cuevas, en los papiros hasta llegar al libro, es así como los cantos que envuelven el augurio, intentan develar el misterio que arropa el entorno y haciéndose historia.

A través del lenguaje, no sólo se describen las cosas o las exploramos, también se construye la tradición, la memoria que nos hacen que no retornemos a los inicios del caos, a la noche, donde convivíamos con la precariedad y el vaciamiento del entorno; en ese proceso de querer saber, de preguntarnos por las cosas, nacen los mitos que en un inicio no eran mitos, sino la escritura hecha imágenes de la percepción, relacionadas con el origen, ese aquí y ahora que ocurría sin llegar a saberse el por qué;

eran miedos que eran mitos representados en figuras de dioses, en ogros, jaguares o serpientes, vestidas con plumas de colibrí o cubiertas de pieles negras, a los que llamábamos sol, luna o río, que al murmurar transforma la opacidad de entorno en oráculo, las voces del bosque en ceremonia, el caer del trueno como un castigo que llega al rito.

Los cantos del Gilgamesh, las epopeyas de Homero o los relatos indígenas del sol atrapado por la luna, escondido en las entrañas de la tierra, no hacían más que recoger las iniciales explicaciones de un largo camino de indagación, que hacía del conocimiento una celebración, que transcurre desde la aparición de los homínidos, hasta llegar a los hombres del siglo XX, donde el sueño, el lugar de la noche, permitía que el allá estuviera en el aquí, asumiendo que veníamos del olvido para volver a él. Canto transformado en escritura, en claustro, en el sentir que se expresa en imagen y en el objeto de la reflexión: el pensar que al verse a sí mismo pregunta por entorno, atisbando en los márgenes de lo sagrado, hasta llegar a nuestra época donde la literatura ya no es un acto de la vivencia, sino una mercancía, en un contexto, donde se han perdido los vínculos.

En nuestra época, el arte deja de ser lugar de comunión y se adhiere a la monotonía del presente, a los nuevos fundamentalismos. Al igual que la época de los césares de Nerón y Calígula, no vivimos un periodo de renacimiento, sino de decadencia.

Pero en la poesía interactúa lo múltiple, lo plural, lo disidente, la posibilidad de ver otras cosas puesto que todo siempre es otra cosa. Fortalece la identidad, el sentido de la memoria, que al final de cuentas no es más que el conciliarnos con nosotros mismos, puesto que en el poema subyace la intimidad expuesta que se desvanece en los límites, reencuentra los significados, destruye las censuras, el deber ser que nos ata a la costumbre, a la convención, a la rutina que se apega a lo muerto;

en ese lugar nos reencontramos con el silencio, sintiendo entre los coloquios de su textura, nuestra piel y el cuerpo del otro que es el nuestro;

ahí se diluye la tiniebla, surge lo heterogéneo, se desvanece el entorno y las cosas pierden significado, para recobrarlo mirando de nuevo al vacío que no es vacío sino conciliación, rito de la mismidad que al palparse, vuelve a preguntar por el sentido de las cosas, de vivir, del nosotros.

Si tuviéramos que creer en algo, sobre todo en estos tiempos que acumulan escepticismo, miedos y frustración, me atrevería a decir que es en la poesía. Porque no hay poesía si no hay libertad, no hay poesía si no somos, si no somos libres: sin poesía, sin la relación con ese lugar más allá donde nos reencontramos, nuestro ser se empobrece y se derruye. Pero suele ocurrir que las sociedades estén atadas a sus traumas y sus complejos, a los espejismos que surgen de sus propios engaños, y sólo algunos intenten tocar su piel, mirar su cuerpo y dar forma a aquello que viene de la otra orilla , aquello, que acostumbrados al mutismo, ya no preguntamos. Es ahí donde me encuentro con algunos libros, con algunos escritores, uno de ellos: el libro de Marta Royo Tras el manto donde a través de sus imágenes, enfrenta a las voces que circulan como fantasmas, como olvidos, e intenta reconstruir su historia, recobrando las habitaciones en la lejanía de una casa que ya no existe y revive en el recuerdo de lo otro.

Desde ese lugar, donde se construyen sus poemas, retomamos el canto, canto que rompe con el ruido y el balbuceo del presente. Proceso de acercamiento que no termina, más bien, principia, porque el autor, al igual que nosotros, renace al encontrarse solo, pero para renacer, hay que volver a empezar –buscarse, huir, retornar– porque al final todo es rito, ceremonia.

Si hay libertad, hay poesía, si no hay poesía, la sociedad no es ella, es una mueca; es ahí, desde ese lugar de lo plural que confirmamos la importancia de la poesía y los poetas, cuando lo son: pero hablo de los poetas, de algunos pocos que lo intentan, como Marta Royo y su libro, que descubramos que la única salida, si es que la hay, que el único camino, si es que lo hay, es creer en nosotros mismo, en la posibilidad de rehacer la historia, de rehacernos, es decir, de ser libres.