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Mía Gallegos

III

Hija de la tierra soy. Amante de la muerte.
A menudo en mis sueños la verdad se revela por
completo.
Crecen mis manos y mis pies hasta enroscarse
en un enorme tronco.

Deja que sea yo quien te penetre. Aunque
sea por una sola vez.

Soy dueña tan sólo de mis lágrimas.
No sé llorar por dentro.

Toma mis ojos. Estos sólo conocen los caminos
secretos, el paso interior, la cavilación y el
viento.

Déjame entrar en ti. Tú eres el todopoderoso
masculino. Yo soy la otra verdad.


VIII

El muro de las palabras. El andamio no me
deja crecer.


La valla aplasta. La cavilación se desmadeja
y se queda con piel de náufrago en nuestras
aguas ocultas.

Me sumerjo. Hurgo. Encuentro en los detalles
la tragedia oculta de mis actos. Me repito
con los gestos, hasta que de pronto se suelta
la última amarra y un ojo nuevo aflora
balbuciente.
Si pudiera abandonarme.

Si sólo pudiera vencer esta resistencia, este
apego y no sentir temor de ser nube o simple
gota de lluvia.


XIII

Vivo. Otros dicen que sueño y que los
sueños me atan a mi casa de vidrio y
cerraduras.

Sólo yo sé de los cuartos menguantes; de mi cama
de arena; de un hombre que entrón en mi casa una
tarde precisa a vulnerar la cifra más secreta y
dejó en mi almohada los cinco picos de la estrella.

Vivo. Otros dicen que sueño. Sólo yo sé de
un rumor de galaxias; de un hecho de paja cubierto
de estrellas en media montaña, en donde estaba
la Madre llorando.

Bien sé que duermo en los senderos que van a mi
centro. Miro mis ojos de leona verde en un río
de serpientes

Otros dicen que sueño. Pero yo sé que mis manos
acunan un caballo de mar muerto en la playa y per-manezco despierta mientras la sombra de una nube pasa.

Vivo. Mientras duermo vivo y los sueños
no me aplastan en mi casa de vidrio y
cerraduras.

VII

Me veo sobrevivir
con los ojos ajustados en la ventana.

Me bastan los brazos en reposo
y el dedal de la abuela en el regazo
para saberme cierta.

Ato pensamientos
y acepto que mi ternura es mucha
para arrastrarla
sobre el viejo diván
donde murió el abuelo.

Entre la plegaria y los cuadros
aprieto junto a mi corazón la lámpara del mago
y me escucho llorar en la casa encantada
de la infancia.


X


Autoretrato

Heme aquí
con mi elemental pobreza:
dos piernas, dos brazos
y un cuerpo hecho de agua.

Si me deslizo entre perfiles
nadie puede hallar la otra cara
de mi rostro en el espejo.

Mas si muestro lo que soy,
quedan desnudos e intactos los deseos. Los ojos, la frente alta,
el dedo con el que designo lo que es mío
y lo que amo.

Y por último,
escondida está la boca
acompañada de pliegues imborrables
que nadie, ni siquiera tú,
podrás borrar con besos.


XIV

Asterión

Hay algo que más allá
de tu fuerza
me fascina.

Camino por sobre tus pechos de piedra.
Eres color de pulpo y lagartija
Me envuelvo en tu lengua de misterio.
Tal es t u forma de estar
cercano al sol.
Acuden hacia ti. Extrañas mareas matinales,
donde todo se oscurece y se bifurca,Asterión mío, único.
¿Quién eres?
¿Un toro o un hombre?
El ausente y derramado
entre infinitas cerraduras.

Eras el aire, el aire mismo
de la primera mañana
en que los hombres labraron
tu cuerpo de ausencias.
Estoy tan lejos de tu piel.
Mas ¿qué recodo hay en ti
donde pueda dormitar
y ser tu párpado
y la forma más honda del silencio?

¿Eres hombre o bestia?
Eres un hombre,
un ruiseñor
o tal vez un niño dormido
entre sábanas de azúcar.

Asterión mío, único, de mil ojos de agujas.
Tus manos son múltiples del sol.
Ayer cacé una mariposa
y era catorce veces arpa y movimiento
Uno y uno no son dos,
son el universo y la nada,
las puertas de todo fin
y del infinito.

Me adentro en ti.
A través de tu cuerpo
aún permanecen los reductos del sol.
Eres oscuro y caliente.
Me enredo en el pasadizo
de tu lengua de vidrio.

Asciendo hasta tus manos.Eres un espejo
de otro que antes fuiste.
Y yo tengo miedo de perderme en ti,
en el hilo
que son todas las puertas
y la oscuridad.

Asterión mío, tan alto y pagano.
Me adentro en tu cuerpo empedrado, altivo.
-no tengo escapatoria-
Apenas soporto tu clima de asfixia.
Pero eres una almohada dulcísimo,
Asterión mío, Asterión.

Del libro: los reductos del sol .

 

Mia Gallegos
San José de Costa Rica
1953
.

Es una de las poetas vivas más importantes de su país. Su poesía mítica y onírica es un ejemplo de la resistencia femenina ante un mundo hostil.
A los veintitres años ganó el Premio Joven creación 1976 por su libro «Golpe de Albas», luego el premio Alfonsina Storni  en 1977 y el Premio Nacional Aquileo Echeverría en 1985.
Poemas suyos han sido traducidos al inglés e incluidos en importantes antologías de poesía latinoamericana.
Ha trabajado en periodismo durante varios años y ha sido encargada de relaciones públicas del Teatro Nacional de San José de Costa Rica.
Además es autora «Los reductos del sol» en 1985, «El claustro elegido» en 1989 y «Los sueños y los días» en 1995.