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Autorretrato con retrato

Ese niño que veo soy yo a los pocos años.
Me he ido acostumbrando a envejecer
y cuando miro la foto familiar
extraño el silencio que la rodea.
Una habitación que debió parecerme enorme,
una luz que transgredía los límites del campo
e interceptaba la madera, presagio de la pira;
la postura, indecente –tal vez– en que mi padre
sorprendió mis actividades infantiles
y las paredes grises del azar.

Tibia la sed de los años sin memoria,
acaso un eco, una premonición.
Ahora se encuentra recargada sobre el terciopelo
de una marialuisa con un cristal a plena cara
y busca dialogar con otras de mismo futuro.

Si pudieran hablar ¿qué se dirían?
Un fracaso o diez por cada pertenencia en el círculo de hogaza,
en la sonrisa nítida que precede a la falta germinal.
Las fotografías, al igual que los muertos, hablan
de cosas inconmensurables o mejor
guardan silencio.

De Ocupación de la nada (2000)


Autorretrato sin hijo

Para Rodrigo, muerto a los dos días

Entre los muros blancos
el amplio corredor se desparrama.
Nunca pensé que pasos más cansados
pudieran recorrer la pesadumbre.

Una banca hacia el final y sin respiro.
-Si eres creyente
deja al agua su respuesta.

Agua blanca vertí sobre tus sienes
y te llamé Rodrigo,
no sé por qué no me escuchaste.

Con agua contenida en el hueco de las manos
te llamé
y no me respondiste:
Eras espuma y sin remedio.
Quise poner tu nombre en mi esperanza
y como el agua blanca te perdí en las comisuras.
Te convertiste en éter, en piedra para abismos.
Tu cuerpo fue líquida luz ya caminante, inmaculada
soledad de tus miembros pequeños sin aliento.

En el largo corredor
una silla, y una luz
en mis brazos acuna el desconsuelo.

De Ocupación de la nada (2000)


DESNUDO EL cuerpo se transforma
en silencio sin fruto,
recoge astillas, polvo del hueco sin relojes.
En la habitación humedece semillas
(flores en la espesura, frutos que se licuan
en la ausencia piadosa)
para latir en tramos de historia que agota el precipicio.
El cuerpo nace para ser confrontación en el espejo,
báculo, arado al menos
que a la orfandad responda en un abrazo sin madejas.
Vaga, si fluye, ausente de otra pertenencia
alrededor de frutos que lo ignoran,
elevados en otro espacio sin constreñir,
madurando en la maraña
de unos brazos sin nombre y sin sal.
Pero el fruto indaga, aprehende a la pupila
sin el sabor del tacto,
se desvanece, es piel que rebota en las escamas que lo fijan
anhelo púrpura, ahíto en su espesura de sangre derramada.

De Laberinto del cuerpo (2006)


Quedeme y olvideme
San Juan de la Cruz

 

¿Qué es eso de que surjas así sin triangulitos,
de piel vestida y sin escamas
como mamífero cetáceo varado en los restos del aire
de la playa?
¿No te dijeron las casi transparentes
e inmaculadas que es pecado
pervertir la luz entera y el aire
con tu aroma a cada paso
a cada vuelo de tu muslo
y ondulante cadera y cintura y pechos y clavículas profundas?
Pero allí vas siniestra, vaporosa vendiéndote a los ojos
que no debieran verte. Vístete con mi saliva
oh prodigiosa
y elevada muchacha
que me tienes perplejo sin san Juan
en la mañana clara de tu cuerpo
surgiendo de las aguas sin Pitágoras
con sólo hipotenusa y sin catetos precipitando
mi blancor almidonado.

De Muchacha en la playa (2008)


¿Por qué la carne, Señor, la turgencia, las células
ahítas a lo largo del camino, los secretos
lugares, la oscuridad latente
en ese centro, las pequeñas espinas
que alimentan la sangre? ¿Por qué los huesos, la albura
siempre oculta de los huesos?
¿Los órganos contrechos; esa arritmia, ese dolor
en el insomnio, ese perfume
lento, caminando hacia el espíritu
indeciso, el malestar de lejanía? ¿Por qué si rubio o trigueño
o pelirrojo
el centro? ¿Por qué los muslos fiables, Señor, los muslos,
como agua, leche y mirra? Las rodillas,
Señor, las comisuras entre muslo y pantorrilla?
Esa rayita, Señor, no tan rayita,
justo en el blanco, Señor, ¿por qué?
¿Por qué la oscuridad de los pezones y la línea
convexa de la espalda? Los ojos,
Señor, y las mejillas, las clavículas y el centro,
oscuridad cegada, tan hondo,
tan centro, tan profundo. ¿Por qué la noche inmensa, el infinito,
en ese centro?

De Muchacha en la playa (2008)


Consideraciones sobre un soneto de Terrazas

Las piernas son camino | ese camino y un camino
pero las piernas de una mujer son un sendero (es mejor
esta palabra | suena bien)
será por la S o la E o bien la O | El caso
es que las piernas de una mujer son diferentes
a una columna que sostiene un edificio (aunque
este edificio ya fue tratado por Terrazas (1)| el novohispano)
Lo cierto | las piernas de una mujer sostienen una fe
y una esperanza | Un poder hacer | un ser
y un conocer | Las piernas de una mujer conducen
a un infinito trenzado que hay que destrenzar
y en ese infinito al que las piernas conducen
hay un hombre con sed | que puede ser saciada
Unas piernas de mujer también son un descenso
un aplastarse y en sombra convertirse
Muslo y pantorrilla son las partes
en que las piernas se dividen | y cada una de ellas
tiene su propia circularidad para la mano
ancha o delgada | que busca estar acorde
con la parte | Finalmente la suavidad
Suaves son las piernas
y las manos enérgicas suben y bajan a través de ellas
sin tocar el infinito | porque ese infinito está vedado
al sube y baja de las manos
y solamente entrar en él es pertinente
cuando los labios y el cuerpo todo del asceta
han ascendido trabajosamente la escala
de las piernas de esa mujer tan próxima
que a la distancia es un punto sensible que se muestra
en el cosmos (aunque nada de esto
lo sepa Tolomeo = Copérnico = Galileo)

_______________________


(1)¡Ay basas de marfil, vivo edificio
Obrado del artífice del cielo
Columnas de alabastro que en el suelo
Nos dais del bien supremo claro indicio!

[…]

¡Ay puerta de la gloria de Cupido
Y guarda de la flor más estimada
De cuantas en el mundo son ni han sido!

Y quizás San Juan lo supo y no lo dijo
por un cierto temor a en llamas consumirse

De Revista Separata (Mayo 2009)

 

 

 


Miguel Aguilar Carrillo

México D.F. 1954

Reside en Santiago de Querétaro desde 1980. Estudió química en la UNAM , ocupación que abandonó para dedicarse a la literatura. Es egresado de la Escuela de Escritores de Querétaro y fue director de la misma hasta poco antes de su desaparición. Ha sido coordinador de diversos talleres de escritura en varias instituciones, tanto locales como de la región. Sus poemas, crónicas y reseñas han aparecido en publicaciones del país como “ La Jornada Semanal ”, “Periódico de poesía”, “Acento Cultural” y “Crítica”, entre otras. Tiene publicados varios libros de poesía, entre ellos: Oficios de la luz (1996), Hilvanes, condición de la memoria (2002), Asuntos personales (2003), Prestigio de estar aquí (2004), Laberinto del cuerpo (2006), Historias (2006) y Muchacha en la playa (2008, edición española, 2009). Fue becario en el 2007 del Centro de Estudios Cervantinos con el proyecto “Pasión por el Quijote” y del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Querétaro en dos ocasiones con los proyectos: “Quitar la pátina” y “Pensar el ensayo.” Está antologado en El huerto magnífico de todos , publicado en Salamanca, España. Actualmente forma parte del consejo editorial de la revista Separata y dirige la editorial Calygramma. En 2009 recibió el V Premio Internacional de Poesía "Desiderio Macías Silva" con el poemario La cosa en sí .

Un poeta mexicano en el norte de su país
En el laberinto del cuerpo

Por Juan Cameron . Invitado al Encuentro de Poetas Iberoamericanos celebrado en Salamanca, en octubre del año anterior, Miguel Aguilar Carrillo, poeta del cuerpo y de su conciencia, se dio a conocer más allá de las fronteras del México natal. Radicado en el norte, ejerce la docencia literaria al tiempo de escribir. Tres libros, publicados a partir del año 2006, presentó en esa oportunidad.

Hablar de Miguel Aguilar Carrillo es referirse a la conciencia del lenguaje y al conocimiento del oficio poético. Y si bien el cuerpo aparece como un motivo central en su escritura, el concepto de su existencia resulta un producto del mismo y un elemento fundamental para la cuestión ontológica: "Templo sin Dios es la palabra que te nombra/ cuando la luz no se ocupa del lugar/ presente en la ranura de tus letras".

Tres producciones recientes -Laberinto del cuerpo, Muchacha en la playa e Historias- entregó durante sus lecturas en el XI Encuentro de Poetas Ibero-americanos, organizado en Sala-manca, en octubre de 2008, por el escritor y docente ibero peruano Alfredo Pérez Alencar. En sus lecturas, habidas en dicha capital y luego en Ávila, Ciudad Rodrigo, Peñaranda de Bracamonte y Béjar, Aguilar sorprendió por la frescura y profundidad de sus textos, cuya seria versificación arrastra a veces un dejo de humor escondido y gratificante.

Laberinto del cuerpo fue editado por el Instituto de Cultura del Municipio de Querétaro junto a Azafrán y Cinabrio ediciones. Lo integran tres cuadernillos, Al centro del cuerpo/ del espacio en blanco, Lantana y Raíz del cuerpo, con más de setenta textos, sin títulos, iniciados en lo alto de la página. El motivo principal es la cuestión del amor tanto -como allí se señala- en su aspecto anímico como material. Pero la conciencia del escribir sobre este tema no es ajena al poeta: "Algo de piel líquida se vierte/ sin que emita un suspiro la retórica (...) estructura del viento sin alforjas". La palabra, en otros términos, separada esencialmente del mundo, nos dice aquí, nunca reemplazará a la inasible realidad.

Lantana resulta -para el lector- el símbolo de una mujer, o varias cuyas historias entrecruza-das sin distinguirse los rostros de los protagonistas: "Tus muslos tan perversos/ señalan el camino.// Imposible guardarlos/ en la espuma del ojo". Aunque a ratos esta sensación de triunfo se troca en desamor y derrota: "Hay un sitio que jamás habitaremos/ en un país lejano y sucio. (...) Un sitio tan ausente donde una hoja cae/ lleva tu nombre". Tal des-encuentro bien podría representar al poema; la hoja que cae con el nombre de aquella Lontana, lejana y en lontananza, intenta reemplazarla sobre el texto.

Historias -aunque publicada el mismo año que Laberinto- se abre al placer del divertimento, al goce de la escritura. A la belleza del cuerpo agrega todos los elementos que el árbol de la vida -raíces en el infierno y ramas en el cielo- proporciona a quienes saben de signos y de señales. Desde la leyenda a los mitos, desde la historia al folklore, Aguilar construye diversos espacios donde caben los seres fantásticos de la poesía. Lo anuncia, por lo demás: "He aquí mi estirpe, solamente comprendido/ por brujos, por poetas, por amantes/ por la escoria".

Esta alegría de la escritura se manifiesta, como también en varios de los poetas latino americanos de estas promociones, a través de diversos recursos del género. El chiste de la extrapolación no le es ajeno: "Yadira la embarazada de un no se qué que queda balbuceando y el alto no le dio importancia". Y digo chiste en el sentido que Freud otorga a este resultado por esa economía de pensamiento que tanto "alegra" al lector cuando comprende. Monólogo de un cerdo de nombre Salomón, al finalizar el cuadernillo, es una pieza remarcable en este punto.

Muchacha en la playa, la más reciente edición de este poeta mexicano, enfoca la pasión en el cuerpo femenino, en la juventud y en el hedonismo. Católico militante, por lo demás, Aguilar Carrillo no puede esquivar el Cantar de Salomón -"Si te estuvieras quieta, quietísima, delgada casi/ como paloma herida, cervatilla, quizá leona"- ni la pánica influencia de Gonzalo Rojas, a quien también cita por ahí en un epígrafe: "¿Por qué la carne, Señor, la turgencia, las células/ ahítas a lo largo del camino". Los sentidos se vuelcan en la página y la luz del estío, en plena sazón, se traduce en playa, sol, vacaciones, arena, en un texto que se acerca a la epifanía: "Loado sea el Señor por tantas maravillas". ¿Ernesto Cardenal, acaso? Al parecer el poeta nicaragüense parte de una situación envuelta por el dolor y aquí, más cercano a Cesare Pavese, el poeta azteca rinde culto a sus antiguos dioses en el cuerpo de la mujer.

Aguilar se ha dedicado también a la narrativa. En la actualidad desarrolla el proyecto Pensar el ensayo, con temas relacionados a la literatura y, en especial, a la poesía. Este proyecto, sostiene en una entrevista, "nace de una necesidad de ampliar el rango de mi escritura, de trabajarla de una manera distinta a como se trabaja la poesía, de re-flexionar sobre los objetos y los hechos, tanto los cotidianos como los relacionados con mi actividad literaria" .

El poeta mexicano Miguel Aguilar Carrillo nació en el Distrito Federal el 20 de octubre de 1954. Químico de profesión, se dedicó a la venta de alfombras y a la distribución de productos lácteos para, finalmente, dedicarse a la literatura y a la docencia de poesía en la Escuela de Escritores Adolfo Torres Portillo de Querétaro, ciudad donde reside desde 1980. Ha publicado Oficios de la luz (1996), Ocupación de la nada (2000), Asuntos personales (2003), Prestigio de estar aquí (2004), Laberinto del cuerpo (2006), Historias (2006) y Muchacha en la playa (2008). Participó en el reciente XI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, en Salamanca, España. Sus poemas, crónicas y reseñas han aparecido en publicaciones como La Jornada Semanal, Periódico de poesía, Acento Cultural y Crítica. Fue becario del Programa de estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico (2005-2006) y del Centro de Estudios Cervantinos, con el proyecto Pasión por el Quijote. Aparece en la antología El huerto magnífico de todos (Salamanca, 2008).