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La marea

Entre Eloísa y lo posible
se interpone una luz vacilante;
el temblor de imágenes
nocturnas y densas
se apropia de la habitación,
un lugar inclemente donde Abelardo
es costra desprendida
y a la vez presencia
de marea índigo sofocante en los ojos:
mientras más combinadas
las facciones, más disueltas.


Regreso

Se ahuecan las cosas con un
latido, es Abelardo,
las manos de Eloísa se hacen labio
y cuello, cavidad.
Largo sentir de un cuerpo.Es Abelardo que vuelve
y trae hasta la celda de Eloísa
una ciudad con calles de seda:
la estrella arácnida
en el balanceo del viento,
de hilos y alas muertas,
allí al fondo de Eloísa, dentro.


Cantos

De la piedra, Eloísa,
vuelves incandescente, de cada piedra
eres extraída en un cúmulo de años:
rosetones de lo que fue tu cuerpo.
Te aligeras, tal vez
te aligeras cuando apareces bajo el cincel,clara, cálida, de un ocre matutino.
La luzcon su prisma insita tu boca impregnada de sol.
Pero la piedra te arrebata,
sólo mis sensaciones te reconocen, ruedas
entre los bloques extraídos del suelo, cantos
agudos y esculpidos te arrastran del detalle
hacia el tiempo tumultuario y amorfo.

De Eloísa

Se ahuecan las cosas con un
latido, es Abelardo,
las manos de Eloísa se hacen labio
y cuello, cavidad.
Largo sentir de un cuerpo.
Es Abelardo que vuelve
y trae hasta la celda de Eloísa
una ciudad con calles de seda:
la estrella arácnida
en el balanceo del viento,
de hilos y alas muertas,
allí al fondo de Eloísa, dentro.


Parábola

De tu boca a mi boca
se movían los verbosen una parábola.
Después tus labios
se volvieron homicidas:
la voz en sus orillas
se deshizo.
De tu boca a mi boca
ningún signo.
Silvia Eugenia Castillero

 

La espera

Eloísa espera
Un silencio de quilla de barco
al romper las aguas atraviesa cada
trazo del tiempo,
allí suspendida una gota se alarga
se alarga
la espera inconclusa
colgando
de cualquier veta.
Puede ser una rama
rodeada de vacío, de esa nada
que sigue detenida,
queriendo volcarse en algo,
caer por fin, romperse.


Más allá

No es una secuencia finita
este amor,
diagonal entre mi piel
y el cuadrado de la vida, esuna pura imposibilidad,
las fracciones fabuladas
de una lluvia, de tus gestos,
el ahínco de tu frente incierta.
En la certeza íntimavacila tu figura, tal vez
te sostiene la invención,
esa levedad ilógica del gozo,
allí te has quedado, inmóvil,
irracional. Por eso no viniste
a construirte entre mis dioses,
prefieres quedarte en una proporción
estelar, más allá de la naturaleza,
quedarte en la tensión del infinito,
oscilante entre el más y el menos.
Eres una sensación itinerante,
prófuga.

Silvia Eugenia Castillero

México DF 1963

Poeta y ensayista. Estudió la licenciatura en letras en la Universidad de Guadalajara, y posteriormente un doctorado en letras hispanoamericanas en la Universidad Sorbonne Nouvelle de París. Tiene un libro de ensayos: Entre dos silencios, la poesía como experiencia , Tierra Adentro, Ciudad de México, 1992. En poesía ha publicado Como si despacio la noche , Secretaría de Cultura de Jalisco, Guadalajara, 1993; Nudos de luz , con serigrafías de Rigoberto Padilla, Ediciones Sur y Universidad de Guadalajara, Guadalajara, 1995; Zooliloquios , edición bilingüe, traducción al francés de Claude Couffon, Indigo Editions, París, 1997 ; Zooliloquios. Historia no natural . CONACULTA, colección Práctica Mortal, ciudad de México, 2004. Ha sido becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en los períodos 93-94 y 98-99. En 2000 obtuvo la beca de estancia para traductores, otorgada por el Ministerio de Cultura de Francia, para traducir una muestra de Nueva Poesía Francesa , de próxima aparición. Actualmente es directora de la revista literaria Luvina , de la Universidad de Guadalajara.

Mapa interno

Por este auditorio de la Casa Silva, son varios los poetas mejicanos que han dejado sus palabras y sus libros, lo mismo que el merecidísimo premio que le otorgara la casa al gran José Emilio Pacheco. El año pasado estuvieron con nosotros el poeta Antonio del Toro, director de la Casa de poesía López Valarde y Miguel Angel Leyva, director de la revista Alforja. Esta noche nos acompaña la poeta Silvia Eugenia Castillero, también mejicana quien dirige la revista Luvina con más de cuarenta números. Publicada por la universidad de Guadalajara.

Para esta presentación quiero hacer un breve comentario de su último libro de poesía, Zooliloquios, desde luego como una visión parcial de su obra. Ya en su lectura antológica escucharemos otros tonos de su poesía, no sin antes decirles que Silvia Eugenia estudió la Licenciatura en Letras en la Universidad de Guadalajara, y posteriormente un doctorado en Letras Hispanoamericanas en la Universidad de la Sorbona. Tiene un libro de ensayos: Entre dos silencios, la poesía como experiencia, Tierra Adentro, ciudad de Méjico, 1992. En poesía ha publicado Como si despacio la noche . Secretaría de Cultura de Jalisco, Guadalajara, 1993; Nudos de luz, con serigrafías de Rigoberto Padilla. Ediciones Sur y Universidad de Guadalajara, 1995; Zooliloquios , edición bilingüe, traducción al francés de Clude Couffon. Indigo Editions, París 1977; Zooliloquios. Historia no natural . CONACULTA, colección Práctica Mortal, ciudad de Méjico, 2004. Ha sido becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. En el 2.000 obtuvo la beca de estancia para traductores, otorgada por el Ministerio de Cultura de Francia, para traducir una muestra de Nueva poesía francesa, de próxima aparición.

Nos conocimos en San Luis Potosí, era de noche y caminábamos por las calles solitarias de una ciudad de bellas y cuidadas iglesias. Nos instalamos en una tabernita que estaba abierta. Fueron pocas horas platicando, como dicen los mejicanos. Me vine con Zooliloquios y un número de la revista Luvina. Zooliloquios es una idea de la conciencia o una intromisión a través de esas criaturas que están ahí puestas en la naturaleza y Silvia Eugenia las vuelve sobrenaturalaza, como lo dijera Lezama . Así se configura un mapa interno mediante un bestiario, una mirada del otro y los otros Soliloquios (esta vez con s), mediante un juego de ambivalencia lingüística que sugiere el título. Aquí también se respira un sabor a exilio en su prosa contenida, porque son poemas en prosa. Forma poética que de vez en cuando asumen los poetas, quizá recordando al Gaspar de la noche de Aloysios Bertrand. O en nuestro tiempo y en nuestra lengua el Manual de Zoología Fantástica de Borges, o Cortazar, etc. Este libro se suma a esa tradición, pero de una manera adyacente es sólo un subterfugio mediante el cual los textos se desarrollan en un nivel completamente distinto a la pura descripción zoológica o taxonómica del bestiario elegido para este libro, con una estructura similar a los microcuentos. Aquí aparece un caracol- ciudad, una migala que Silenia mira como con microscopio y prolonga el tedio. O la Cebra de resina caliente que se encuentra en las esquinas. Se trata de un bestiario que mediante un festín del lenguaje todo se vuelven imágenes y metáforas en Seres de agua, Seres de Tierra, Seres de Fuego, Seres de viento, de un reino interior en el que Silenia cierra los ojos y exorciza a sus propios demonios como soporte y vehículo de idearios sobre la condición humana.

Lo notable es que la imaginación de Silvia, que en ciertos apartados del libro tocan lo fantástico, revela el rigor con que fue concebido este libro en el que las fuentes son la naturaleza y la ciencia, en este caso me atrevería a decir la investigación biológica. La lectura de este libro es quizá como lo propone Borges: “…no ha sido escrito para una lectura consecutiva. Queremos que los curiosos lo frecuenten como quien juega con las formas cambiantes que revela un caleidoscopio”.

Celedonio Orjuela Duarte