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Meditación de Huanchaco

El mar será siempre un gran asunto para los seres humanos, su embrujo es irresistible, la continuidad de las olas que renuevan el sonido de la vida: sonido en la mano de Dios son las olas. Así como el desierto -el otro gran inmenso paisaje-, el mar nos asusta, nos quita el piso. Allá los marineros con lo suyo y los que salen con los caballitos de totora o con tablas hawaianas. Nosotros somos de tierra. El mar es lo otro, como el cielo.

Aquí en el balcón de Walter y Elvira, en Huanchaco, frente a la playa más bella del Perú, recuerdo que hace unos diez años escribí un pequeño poemario con el título HUANCHACO, CANTO AL MAR DE LOS ANTIGUOS.

La cercanía de un poeta de verdad como es Walter Curonisy convoca a la poesía, a la memoriosa poesía.

Aquí venía Victor Raúl y en un balcón como éste lo vi reclindo mirando el mar: Victor Raúl meditaba. El mar, el mar de Huanchaco, el máximo móvil, ninguna partícula queda jamás en el mismo sitio: todo se mueve en esta agua de viento y luna. Y el horizonte por donde podría venir la gran ola que nos ahogará a todos- el agua alcanzaría. Móvil e inmóvil, blanco y azul, continuo como los dioses, moderado como quien goza de la paz del amor, mar de los gentiles, mar de Huanchaco.

Ecología y anarquismo

El discurso ecológico acaba siendo reaccionario, reaccionario a favor de la tierra y de los usos agrícolas que ligan al hombre a la tierra. Lo que ocurre es que la modernidad mira desde el balcón, mira al campo desde la ciudad. Modernidad es entonces tele-visión, visión de lejos. Lo dijo ya con lujo de inteligencia el filósofo Heidegger de Alemania: Es "la época de la imagen del mundo"

El mundo mirado como colección de objetos, y por lo tanto de mercancías, es otro que aquel en el que el hombre vive integrado a la tierra y conversa , por así decirlo, con plantas y animales, con el sol y la luna, con la tierra y el agua.

Es probable que incluso desde el punto de vista de la producción, considerando cantidad y calidad, el método antiguo y el moderno tengan resultados parejos. La diferencia es que en el moderno el hombre puede quedarse en la ciudad viendo TV, mientras en método antiguo y ecológico requiere de la presencia y el cuidado del hombre.

Es deficil decidirse por uno y otro camino, y lo más probable es que la vida nos obligue a tomar de uno y de otro. ¿Tendría sentido en estas épocas negarnos totalmente a la producción industrial , a la computadora a la TV?

Quizás la sabiduría, en esto como en todo, cosntista en tomar de una cosa y de otra, como los niños, según el ejemplo que pone Platón en otro contexto, los niños que ha puesto a elegir entre dos caramelos, elegen los dos. De lo único que no podemos prescindir es de la permanente vigilancia respecto de lo que comemos, de lo que creemos y de la calidad de nuestras relaciones con los otros seres humanos y con las instancias superiores.

El gran problema de la causa ecológica, la causa de la PACHAMAMA, es que por su naturaleza misma debe preservar por sobre todo la libertad enla que reside la dignidad propia del ser humano. La causa ecológica no quiere sino compromisos libres; no basta la publicidad que encandila a los consumidores. El mundo moderno presenta productos en cantidad y apariencia impecables y publicita hasta lo que se reconoce "dañino a la salud". La causa ecológica es una causa política global que no quiere - porque sería contradictorio- obligar a nada, ni siquiera conducir subliminalmente, las opiniones de las mayorías.

Es la vieja causa del anarquismo la que regresa con el tema esencial de la ecología. Los anarquistas nunca triunfaremos en los niveles ordinarios de la vida política, pero nuestra presencia es indispensable para recordar que nuestra esencia es la libertad, la libertad de sentir con nuestros propios corazones, de mirar con nuestros propios ojos y de pensar con nuestras propias inteligencias. Pero aceptamos incluso a quienes han decidico no pensar, o sea, a quienes han decidido entregar su humanidad a sus hijos"como un sobre cerrado"(Rilke). Tenemos la libertad de no ser libres, pero también la de liberarnos.

Textos del libro "El campo es Santo"

Alberto Benavides Ganoza

Lima 1949

En 1974 se graduó de filósofo en la Universidad Católica. Ha publicado los siguientes libros: El ave huída: Ensayos de filosofía (1979); Cuentos del camino del bosque(1982); Platón y otros pretextos(1991); Pachacaman (1993); Cantos de Puerto Huamaní (1997)

Alberto Benavides, es ante todo un hombre de formación humanística. Por muchos años enseñó filosofía en las Universidades del Perú, luego se dedicó a fundar, verbo que lo acompaña siempre, el CENTRO CULTURAL ANTARES DE ARTES Y LETRAS, en una de esas casonas de Miraflores en Lima. Alberto siempre ha detestado el centralismo de los peruanos, para ellos todo debe quedarse en Lima. El poeta-filósofo y anarquista que es Alberto, prefirió crear su fundo o chacra en Ica, y desde allí preparar su errancia por todo su querido Perú. En las provincias, con cada número de Umbral (revista del pensamiento y la ignorancia) exalta las distintas regiones del Perú. Es además creador del festival internacional de poesía de Cajamarca (El patio Azul) que en éste 2006, prepara la quinta versión.