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Estudió Literatura en la Universidad Pedagógica Nacional. Tallerista y conferencista de la Casa de Poesía Silva de Bogotá. Invitado al Festival mundial de poesía de Medellín y al Festival Internacional El patio azul de Cajamarca, Perú. Autor de los libros Precario equilibrio (poesía, 1996); Visiones: Un inventario de afectos lieterarios (ensayos, 1998); Mujeres y otros cuentos de riesgo (compilación de cuentos, 1997); Ofrendas y tentaciones (compilación de cuentos 1997); Presencias (poesía, 2004). Fue colaborador del desaparecido Magazín Dominical del diario El Espectador y de otros medios escritos. Es codirector de la revista "La joven parca"

¿Es aún posible la poesía?

Por: Celedonio Orjuela Duarte

 

Cuando se intenta una reflexión de la poesía en el siglo XX, vista como lo pretendió Cioran para el pensamiento filosófico, es decir, como residuo, lo que realmente queda, lejos de un estudio sistemático, taxonómico de grandes tratados, es una reflexión desde la síntesis. Tenemos que reconocer que el siglo que acaba de terminar es el más infame de los siglos, algunos objetarán toda la edad media, pero ocurre que esos siglos no estuvieron encadenados a una tecnología triunfante, pero autista, atrapados en un tejido automático, igualmente incomunicados sin saber lo que realmente ocurre alrededor. Por eso se encuentra en los poetas expresiones como: "la poesía no existe", "la poesía es error", "es todavía posible la poesía?", "la poesía está muerta, juro que no fuí yo", "la poesía no se vende...porque no se vende", etc. Estos arbitrajes muestran la negación del oficio poético, tal vez se sigue pensando en el plateamiento de Platón cuando achó a los poetas de su ideal de república; y otra enorme alma, también de poeta, la de Federico Nietzche, por boca de su Zaratustra, les formuló una severísima crítica, tal vez la más severa que se pueda concebir al oficio de poeta: "Estoy hastiado de los poetas...algo de voluptosidad  y algo de tedio, a eso se han reducido sus meditaciones...todos enturbian las aguas para que parezcan profundas". El filósofo quería más sabiduría y aprendizaje, es decir, más capaciad de hablar: "Sabemos también demasiado poco y aprendemos demasiado mal; luego es forzoso que mintamos". Los dictámenes señalados nacen de los poetas del siglo que acaba de terminar, exigiendo más y más de la poesía actual, bien como poetas eminentemenete líricos o conversacionales, apuran el precipicio "reinventando el lenguaje de la tribu", lejos de los símbolos de la podredumbre del pasado. Hoy el poeta conoce más su tradición. Los atavismos ya no son necesarios pués tenemos grandes dispensarios de un lenguaje más universal y de más urdimbres que nieguen los intentos de moldes que incuban en los anaqueles de la retórica. La poesía de estos tiempos transcurre clandestina, lejos del bullicio de las rotativas, no la quieren los burgueses, no es materia que sirva para crear empresa, es la devastadora de todas las convenciones, posee todos los cuerpos que la hacen de todos y de ninguno. No necesita graderías. Por estos tiempos la posee más el canto lírico que el épico. El hombre de ahora loa las pequeñas miserias, ese hombre a-unidimensional que navega en estandares.La semántica de los nuevos lenguajes requiere otros ritmos que vienen de lo insondable. El sabor metálico de los vocablos del poeta de ahora se hermana con la muerte más allá del misterio que la cubre. Almas únicas que intentan salvar algo del ser, de un tiempo irrespetuoso, siglo que convirtió a la cultura, a la religión, en una industria. La poesía contemporánea se inicia con el siglo XX, poesía que deriva del misterio antiguo y un agorero futuro. Con la pertenencia de la técnica, y su historia escrita por poetas, que sería extenso de enumerar aquí, conoce más su tradición y es consciente de su situación indefensa, por eso el poeta no se aisla de la sociedad en nombre del sentimiento como en los románticos y su predominio de la noche y otros ámbitos tal como lo estudió Albert Beguín; o en la indagación del ser filosófico como en la modernista, sino en nombre de una nueva cimentación de su obra. Los cambios tan profundos como proteicos que la poesía ha experimentado en el siglo que acaba de terminar, hacen dificil imaginarla como un todo clasificable, verla como un cuerpo compacto en su andamiaje metafórico, en su cuerpo mutante. Será un trabajo para mucho más adelante porque aún no ha cesado el desconcierto que causa la poesía de vanguardia, esquiva y algunas veces extraña, desde su disposición en la hoja en blanco, negando algunas veces, la puntuación, esa pausa respiratoria que nace como una codificación posterior a la escritura; y otras pesquisas vanguardistas que sostienen al hombre moderno en su condición de sapiens. Sapiens de un siglo rico en guerras y traiciones, en el que los poetas y demás artístas asumieron una absoluta soberanía en la creación, de ello la historia reciente deja una baraja de figuras, que se han hecho cargo de maximizarla como otro develamiento del mundo. Siglo infame al que los poetas cantan la adversidad. Sus punzantes expresiones se dan porque cada vez son más conscientes de la agresividad social de un siglo petualente de ciencia y tecnología, haciendo de los hombres autistas de los chips, ausentes de verdaderas responsabilidades en el transcurrir de los mortales. La palabra poética es la única lumbre que rescata de las pavesas de la destrucción. Palabra desnuda que expresa a un ser solitario en la fragilidad de su destino, lasitud que lo lleva al silencio, al suicidio o al coqueteo con sospechosos líderes de la historia. Pero lo que importa es el nomadismo espiritual del poeta que es palabra y memoria. Siglo en el que muchas cosas se pusieron patas arriba porque había que contestar  y testificar con un nuevo lenguaje a la soberbia y codicia del hombre de ahora, nuestro vecino. Siglo del desplome de la oratoria poética de versificadores anodinos. A pesar de ellos, que aún son mayoría, reaparecen los otros como ave fénix. Perpetuidad que incomoda con us cantos a los tartamudos reyesuelos de las rotativas del poder. Sus voces perdurables se oyen invisibles en el tiempo de lo irreparable, la muerte.