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Tristia rerum

El dolor es el alma de las cosas,
y más si son efímeras y bellas;
quizá por eso nos parecen ellas
tanto más tristes cuanto más hermosas.

Habitadas por almas misteriosas
nos ocultan sus íntimas querellas,
aunque sólo el dolor de las estrellas
se puede comparar al de las rosas.

Tan sólo tú penetras y conoces,
¡oh Poeta! ¡Oh Vidente! sus serenos
pensares y oyes sus calladas voces.

Y vas a ellas con piedad, de modo
que si no lo ama todo, por lo menos
tu corazón lo compadece todo.

Sensación crepuscular

El alma de la tarde se anuncia en la furtiva
esquila del rebaño que retorna: la laguna
- tal un gran ojo herido por una luz muy viva -
espera el milagroso vendaje de la luna piadosa.
Bajo el Angelus el valle se apacigua;
la hora, que vestida de seda azul se aleja,
le da al paisaje, donde la lumbre se amortigua,
una dulzura ingenua, como una estampa antigua.
Deja que nos penetre toda esa calama,
deja que el alma se disperse como un dolor de rosas
en este ambiente tibio de seda extenuada...
Es dulce cuando se ajan las tardes silenciosas
pensar las mismas cosas y no decirse nada
.

Interrogante

Hamlet, mi príncipe enlutado
que en tu Elsinor viste una vez
la airada sombra de tu padre
sobre una almena aparecer;
que viste sobre el lago pérfido
flotar en fúnebre vaivén
el cuerpo inánime de Ofelia,
y que exploraste lo que fue,
el grave enigma de la tumba,
el cómo, el cuándo y el porqué
en la amarilla calavera
de Yorick, el bufón del rey;
dime qué existe para el hombre
después del último después...
Y oigo tu voz que me responde:
-Morir, dormir..., soñar tal vez.
Yo estoy aún entre las rosas
más fragantes, pero a mis pies
se alarga ya, como un presagio,
la fosca sombra de un ciprés...
Oigo a lo lejos las campanas
tristes del Angelus tañer,
y me invade, trágicamente
el frío del anochecer...
Por eso, mi príncipe rubio,
te interrogo con avidez:
dime qué existe para el hombre
después del último después...
y oigo tu voz que me responde:
-Morir, dormir..., soñar tal vez.

Eduardo Castillo
Bogotá 1889 - 1938 Bogotá