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El gato

El gato se acomoda
en el hueco del sueño.

Lo miro con tristeza
porque dormirse
es lo mismo
que perder un mundo.

Indolente
estila posturas dentro de su forma
como esculpiendo
fugitivas figuras
de gatos.

Oigo el tardo
envolver el ovillo de su música.

Y esto he comprendido.
A la hora en que los gatos duermen
-afuera- en os tejados
andan las sombras solas.
Gatos negros
que caen de la luna.

La música

En el rincón
oscuro del café
la orquesta
es un extraño surtidor.
La música se riega
sobre las cabelleras.
Pasa largamente
por la nuca
de los borrachos dormidos.
Recorre las aristas de los cuadros
ambula por las patas
de los asientos
y de las mesas
y gesticulante
y quebrada
va pasando a rachas
por el aire turbio.
En mi plato
sube por el pastel desamparado
y lo recorre
como recorrería
una mosca.
Intensamente
da vueltas en un botón
de mi d'orsey.
Luego -desbordada-
se expande en el ambiente.
Entonces todo es más amplio
y como sin orillas...
Por fin
desciende la marea
y quedan
cada vez más lejanas
más lejanas
unas islas de temblor
en el aire.


Paisajes ambulantes

Mr. Wilde ha dicho que los crepúsculos están pasados de moda. Es indudable que se podría disimular ese defecto si los paisajes variaran constantemente de sitio.
Eso de ver un paisaje en el mismo lugar es necesa-riamente aburrido. Lo contrario seía encantador. Y espectacular.
Un grupo de árboles emigrando bajo el cielo. o un árbol que pasara para la selva solo recto sobre sus inumerables patitas blancas.
Pero entonces la gente inventaría jaulas para cazar paisajes. Y un paisaje dentro de una jaula no debe sentirse contento.

La noche

El día es lo más ciudadano que hay. Eso no me lo puede negar nadie. El día tiene gentes y casas y pegados en las cintas vertiginosas de las calles tiene tranvías - coches - autos - etc. - etc.
Cualquier día de la semana llámese lunes o sábado - está siempre lleno de ciudades. Pero la noche - ah! caray! - la noche es lo más inculto que se conoce hasta hoy. La noche está bien en los matorrales. La noche - primitiva - selvática - reacia a la civilización - es el último resto de salvajismo en el mundo. ¿No habrá quien colonice a la noche?


El absorto

Embebido en el diario, tatuado de letras,
una leve caida de otoño
al vuelo de las páginas.

Comprendía la última noticia entre los árboles
en la voz del labriego el paisaje
en el trigal el alfabeto de los campos.

El absorto. Leía
la llamada sideral en la ola,
en el río los pequeños ayeres
y en la entrepiel del rostro
el color de Judas tiñendo conciencias.
Definitivamente, el absorto.

La piedra no dejaba de musitar
su estelar procedencia.

Una vez preguntó: ¿de qué árbol será la madera
de la cruz que preside
las fugas del tiempo?

Y oyó la sonrisa de los objetantes.

Luis Vidales
Calarcá, Quindío 1904 - 1990 Bogotá

Fue el único que desarrolló las vanguardias en Colombia. Con una voz nueva, emancipadora desencajó a los académicos y rompió las estructuras parnasianas. Perteneció al movimiento de Los nuevos. Su libro Suenan Timbres, publicado en 1926 y reeditado en 1976 marca un hito en la historia de la poesía colombiana. Publicó, además La Obreriada (La Habana 1978), El Libro de los fantasmas (Bogotá 1985) y el volúmen preparado por Juan Manuel Roca Antología poética (Universidad de Antioquia 1985)

En 1945 publicó su Tratado de estética, ejerció la crítica de arte, la política y la cátedra en varias universidades colombianas. En 1948 editó a pocos días del Bogotazo La Insurrección desplomada. Y en 1973 La circunstancia social en el arte.

Participó en la fundación del PArtido Comunista de Colombia. Fue perseguido político, encarcelado, exiliado en Chile.

En 1982 recibió el Premio Lenin de la paz. El mismo año el Premio Nacional de Poesía por Reconocimiento otorgado por la Universidad de Antioquia.

En una reciente antología publicada en el 2006 por la Universidad Externado de Colombia se agrega que: "Fue estadígrafo de profesión, periodista y polemista. Poeta insular, de estilo muy personal. Por su humor y su imaginería onírica es de dificil clasificación en el mapa de la poesía colombiana".

Juan Manuel Roca agrega: "La poesía de Luis Vidales, está hecha para grandes espacios, pues el poeta sufre de claustrofobia. En esos grandes espacios caben sus temas más frecuentes: la libertad y el sueño, la maravillosa anomalía de su humor, el hombre y la dignificación de los hecho cotidianos. Con Suenan Timbres aparece en la poesía colombiana el acaecer urbano, la preocupación por ese entorno mágico y miserable al mismo tiempo.