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Que siempre haya un lecho

Para: Carlos Almeyda

 

Que siempre haya un lecho para una mujer/ desnuda
con su gracia y su carne
Infusa en olores hasta lasproximidades/ profundas.
Mujer sola conla noche,
herida de mutismo, a la espera del soñador
que llega en su pesada bestia negra.

 

Visita a la cárcel de Brusa
Para María Adelayda

LejanamenteEstambul
pero tan cerca.
Tu voz transparente
llegó a nosotros Nazim,
en el bufido del puerto.

Elegiste un gran sueño como
todos los tuyos, dijiste:
“No vivas en la tierra
como un inquilino
ni en la naturaleza
al modo de un turista
vive en este mundo
cual si fuera la casa de tu padre
cree en los granos
en la tierra, en el mar,
pero ante todo en el hombre”.
Aún con el pálpito
de sultanes hedonistas
mientras todo se iba derrumbando.

Esa fue tu herencia Nazim.

Te trataron mal,a pesar de todo parecer nuevo.
A lo mejor te creyeron iguala Bakunin
“Un tipo bueno e inteligente,
pero un hombre peligroso,
al que hay que mantener tras las rejas”


Sólo basta leer tu paisaje interior:


despertar sin saber si ese cuerpo
de mujer que despierta a su lado en esa cama,
en ese espacio es el suyo
después de dieciséis años de ausencia.
Ruido de cerrojos.

Te trataron mal
porque fuiste a las máquinas
a la miseria.
Cantaste contra mitos y religiones.

En la cárcel de Brusa te he visitado.

 

BOMBERO


No es hermoso ser niños;
es hermoso pensar de viejos
en cuando éramos niños
Cesare Pavese



Para: Hernando Hernández, bombero de mi infancia

 

Cómo nos gusta el agua cuando niños
Verla a borbotones en las mangueras de las máquinas
Yo quería ser como esos malabaristas
Que la giraban en sus piernas en señal de arrojo
Muy tarde vine a ver las crestas de las olas y sus monstruos
Desempeñé el oficio de bombero en mis figuraciones por el fuego

En la infancia
Quería ser bombero
Un bombero autentico
Mientras otros hablaban de Roy Rogers
O Santo, "El enmascarado de Plata"
De las lecciones de historia o geografía
Yo quería ser bombero
Lo repetía en mis sueños
Coloreando con lápices
La estación de las máquinas
Del bombero Celedonio
Así, me veía entre mangueras y cascos ideales
Destrozando el fuego.
Despertaba con la fiebre de mi heroicidad
Mientras el sudor salía de mi cuerpo

En las tardes me daba cuenta que apenas era un niño
Que retorna de la escuela con la mochila
En la que venía la harina de los panes
Ahí llevaba mis cuadernos
Mientras jugueteaba con el agua en los desagües
Con mis zapatos de caucho
Imaginaba un río caudaloso en mis dominios
Como bombero de mi pueblo

O bien me trepaba de pie en la cola de la máquina
Bajo nubes que cubrían el territorio
Distribuía el agua
Con arrojo vencedor
Ante el fuego y el grito
¡Bebo sangre de toro en las mañanas!.

Sobre el asfalto
Imaginaba la ciudad en la que sería capitán de bomberos
Y mi poder la manguera más soberbia
La más brava de las serpientes
La que me graduó de capitán
Llevaré a mi rancho noticias jubilosas
Sólo valentía
De esperanza.

La verdad sólo iba
Por los acantilados de mis calles
Creyendo ser bombero.


LA BAILARINA

 La bailarina
De rostro pálido y túnica negra
Danza en lo perpetuo
Podría ser el tiempo de Degas o más allá
Se oye una música antigua y se repite
En la noche de la mujer hija del aire
La telilla se desliza y descubre
Sus formas en la calle del eco
La carne tiembla y el sudor mana
Orestes y Narciso podrían llorar y enloquecer de nuevo

En su piel desnuda la envuelve la noche
No sabe que la miro
Que la sigo
Yo su cimbalero

 

ELLAS

Por aquí por estos lados donde transita
Mi soledad
No encuentro con quien conjurar la magia
De mi canto
No está Lulú no están Francisca ni Salomé
No están las angustiadas las filisteas
No hay una Dalila que irrumpa en mí
Aposento con sensualidad y sangrienta
Crueldad
Solo golpean a mi puerta Marías
Que sirven de botín a esta gula
Carmen mi gitana

Dos nuevos inéditos

Altillo

Aquí en este altillo
—por cierto había abandonado— busco un instante más pausado

Un estado próximo al suicidio
se siente cuando se queda suspendido
como en un trapecio que mira con temor hacia el vacío
ese vértigo me viene de bien atrás
en el estertor de las ausencias

Aquí en este altillo cuando el día muere
se acrecienta la orquesta de músicos invisibles
en las copas de los árboles  en la hojarasca  o en un riachuelo cercano
en un escat silábico que acrecienta la  noche
intérpretes que alguien dirige entre las sombras

Una tropa de insectos se estrella en los vidrios
bailan en torno a las bombillas drogados de veneno
algo fastidia en todas partes
el sabor a herrumbre de la ciudad
la disciplina que obliga a la permanencia

A este altillo lo circunda la muerte
el cansancio de los últimos años
aquí estoy expulsado
en compañía de mi perro
ambos desterrados

Total aquí estamos en este altillo
él feliz yo no tanto
ni siquiera una promesa a Fray Luís
de la vida retirada

No practico la pureza
algo de suciedad lleva la decencia
aquí en este altillo
me acompañan tormentas eléctricas
esas heridas que se dibujan en los resquicios de la noche

Aquí en este altillo aún no hablo de la vida retirada.


La biblioteca

El sueño babilónico
lo fui construyendo como indican los libros
uno lleva a otro
creciendo incluso en mis ayunos
largo monólogo en los parques

En la primera mudanza
mi hijo al ver una montaña de libros
interrogó
haz leído todos esos libros
sí, respondí altivo
escoge uno y pregúntame
aún creía que serían para él

Ahora cuando estamos próximos a un nuevo desplazamiento
ve la montaña de papel no más grande que la anterior
quizá menos árida y más labrada
me dijo con su incipiente barba
no padre, no incomodes con eso
se oprime un botón y ya tu biblioteca está en la pantalla
Canetti predijo esos destinos

Hoy desharé la estantería
trozaré las piezas que no caben en ninguna parte
algunos familiares y vecinos se llevarán los compartimentos
los llenarán de suvenires
la Nueva era la desaparece para siempre
llevaré las cajas de libros al avaro librero

Dispongo en el buró la novela Auto de fe
encima la Tablet
tomo una foto
salgo en busca de alguien que evite mi tristeza.

 

Celedonio Orjuela Duarte
Líbano, Colombia, 1956

Estudió literatura en la Universidad Pedagógica Nacional. Es tallerista y conferencista de la Casa de Poesía Silva. Invitado a los festivales de poesía: Medellín, Bogotá, Cajamarca, San Luis de Potosí y Costa Rica. Ha publicado: "Visiones": un inventario de afectos literarios, 1988; “Precario equilibrio ”, 1996; “Mujeres y otros cuentos de riesgo ”, 1997; “Ofrendas y tentaciones”, 1998; “Presencias”, 2004; “Dónde estará la melodía”, 2005; “ La memoria a la orilla de los actos ”, 2007, editado con motivo del VI Festival Internacional de Poesía de Costa Rica. Ha publicado en el diario “El Espectador” de Bogotá. Colabora en el periódico “Lecturas críticas” Asesor de la Fundación Editorial Domingo Atrasado. Ha sido el poeta visitante en Guanacaste, Costa Rica. Colabora en el periódico “Lecturas críticas” de Colombia. Para La Sede Regional Chorotega de la Universidad Nacional ha sido un honor tenerlo como huésped y miembro de las Naciones Unidas del alma.

 

Celedonio Poeta

Por: Miguel Fajardo Korea

Este universo lírico establece un código de vigencia para el proceso escritural de siempre “Suelto dolores por los dedos/ y me rasco las angustias”. Dicho acto genera una actitud y compromiso bien certeros: “Todo el tiempo de la ausencia/ aprendiendo el abc de la nostalgia”.

Existe una concienciación del precario equilibrio como ser humano sobre la existencia terrestre: “Soy el habitante de las hendiduras./ El que puebla el vacío/ dejado por los vencidos (…) El que está aquí y allá tapando/ los despojos de los monstruos. Éste universo lírico aborda nudos de significación como la solidaridad y el compromiso “El que está del lado de los que llegan / a poblar la intemperie”.

Sensura, desde diversos frentes, contra “los sabuesos que trafican la mentira”. Es consciente, desde luego, de la circunstancia sociohistórica “Alguien, desde la tarima, habla/ de la destrucción de la memoria”.

El hablante establece líneas de identidad con los oprimidos y con quienes sufren por causa de los sistemas políticos deshumanizados “El prisionero abre más los ojos/ para borrar el rostro / de su víctima”. Se presenta un desdoblamiento entre víctima y victimario, donde se desea borrar la figura oprobiosa del segundo.

“La casa” es uno de los poemas más antologados de Celedonio. En sus ventanas “no entró el tiempo” (…) Se atiza el fuego y se habla con las sombras. Hay una correferencialidad con los mitos y nombres clásicos como Orestes y Narciso. Es una especie de redescubrimiento, de esos aportes mitográficos en los que en otro otro poema (La Bailarina) “Orestes y Narciso podrían llorar y enloquecer de nuevo” En otro poema, aduce “Tras de mí/ este paisaje de mortajas/ sin risas ni cantos”, se ahonda la condición humana con el canto del dolor desde los suburbios, desde la alcantarilla que puede signar una visión del planeta, al decir de Alejandra Pizarnik.

El hablante plantea “Bordeo un mar de lejanías/ Entro en los burdeles”. Ese contexto opera como un espacio de visitantes incómodos, donde no se revierte el silencio de los amadores. Es un alto peligro, porque “alguien viene a desollarlo”, acaso son “cuerpos olvidados/ sumergidos en las ceremonias de los credos”. Hay un verso que funciona como un sistema recolectivo “Una mujer desnuda habla con ausentes en el atrio de la iglesia”.

La denuncia social es crítica, pues en los lupanares “El cuerpo yace o muere/ en la puerta del vecindario/ con su envoltorio de pobreza”, sin embargo, “El clérigo llama a la oración" Esas situaciones límite son espacios aniquiladores donde el hablante lírico refuerza un código apreciativo a favor de la vida humana; a pesar de todas las insanias que atropellan cada día.

La topología de la ciudad es, como el mundo, un contexto de agrandamiento. Una visión escalofriante de la violencia que campea en nuestras calles, de la inseguridad ciudadana: “En otra parte saltan cuerpos semidesnudos en las gradas(…) Se juntan los cuerpos en fugas que vienen del caribe/Más allá velan un cadáver”. Esos actos procesuales involucionan la condición humana, porque implican un rebajamiento; actos degradatorios.

La figura femenina ocupa un lugar preponderante en este universo. Su evocación se llena de sugerencias eróticas, de goce y placer “Que siempre haya un lecho para una mujer desnuda/ con su gracia y su carne (…) Mujer sola en la noche”.

Prima una perspectiva de encuentro cuando existe un paralelismo afectivo con el saber materializado “Te acaricio como se acaricia un libro/abierto hacia el misterio (…) Mis manos se emancipan en tu piel de adormidera. / Los besos se atesoran en sequía”. Dicha equiparación es posible, porque “Las palabras esperan ser tocadas" sin preguntas, en silencio, con argumentos. Su génesis puede ser natural, dentro de un plano de aprovechamiento nacional ecológico “Se alejan al bosque de abetos y yacen en los libros”.

El poemario externaliza una gran preocupación por la huella de la ausencia; juega con un simbolismo geométrico al “No haberse apoyado en el triángulo que confunde a los hombres”. La separación vital nos acongoja, aunque con otro signo “Con un ramo de laurel bendice la tumba de un cuerpo flotante”.

La posición del asceta mantiene un tono meditativo para clarificar lo oscuro del orbe, como una tabla de salvación “Le da vuelta a los aforismos representados en símbolos que condensen el mundo, crece en sabiduría”, a pesar de la brevedad discursiva.

Se establece una emoción entre los elementos climáticos y los acentos corporales “Las muchachas de tierra caliente con sus faldas cortas van y vienen cadenciosas". Existe, una relación entre esa dicotomía y las opciones cotidianas de acción y reacción: “impregnan la piel en olores y en los atuendos/lavan su cansancio”. En el Carpe Diem “acepta el reposo de otras vestiduras”. El mundo es un índice para aprovechar el día, el tiempo mismo irrepetible en todos sus misterios.

El orbe de la violencia que golpea al mundo es denunciado acremente: No importa el contexto: el ser humano es rebajado a condiciones insolentes en medio de cenizas, donde “El niño se levanta en las devastaciones (…) Sus ulcerados pies “empujan un cuerpo agonizante en /medio de la brasa (…) / Palabras de combate escritas en las puertas caídas”. Ese final es una especie de sistema recolectivo del dolor y de la angustia, de la soledad y de la impotencia y desgraciada violencia, a cuyo paso siembra muerte y dolores intensos.

Los sueños de la infancia se van haciendo grandes. Celedonio Orjuela quería ser bombero en sus figuraciones “Mientras el sudor salía de mi cuerpo” (…) Imaginaba un río caudaloso en mis dominios”. La lucha entre el querer y el ser opera como una fuerza interior, pero “La verdad solo iba/ por los acantilados de mis calles/creyendo ser bombero”. Los sueños, a veces, parecen inalcanzables...

Nuevamente, la casa es un tópico fundacional, predilecto. Se le da animación y se proyecta en una dinamicidad expresiva: “Por el portón se ha ido parte de la casa”. Existe un irse restaurado “Los suyos también se irán / La casa volverá a ser más grande sin sus voces”. El portón funciona, aquí, como un esquema recolectivo: “Por el portón se han ido todos los recuerdos”. La casa cumple el objetivo como un cronotopo iniciático “jóvenes cuerpos iniciados en los silencios de la casa”. El cierre textual es extraordinario cuando poetiza “Por el portón salen los ausentes”.

En este mapa lírico, Celedonio Orjuela campea a la honda preocupación por los desprotegidos, los huérfanos, los vencidos, los victimados, los prisioneros. En suma: los paisanos de la aldea global que sufren con las crueldades físicas y las urgencias de un secreto vivificante en las palabras que pronuncia un creador desde una Colombia esperanzada y esplendente: en el Carpe Diem contra todos los asedios. bería ser un nuevo mandamiento en el Siglo XXI.

Costa Rica, invierno, 2007

miguelfajardokorea@hotmail.com