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Propósito

No menciones el amor: bien sabes que sería profanarlo. Déjalo ser en silencio, para que sienta la música de los dedos que rozan una piel amada. Pero cállalo. Dedica tu babosa palabra a la pena; Exhibe sin pudor la dureza de tu corazón y así confirmarás que esa llaga ya no duele; ah, tu corazón, esa zona manida de ti, sabia, anestesiada, infeliz. No, no menciones el amor; déjalo crecer en silencio, Aliméntalo con silencio, compártelo sin decirlo y solamente tartajea tu palabra para secretar tu viscoso veneno, la amarga poción de tu cautela.


Cantar por cantar

Poseso por una resonancia, el eco armonioso de un lugar sin ruidos, bañado por la luz amarilla de la luna llena: una roca de grafito refleja sus destellos y ella se mira en este espejo sin nubes por testigo. Poseso por una resonancia, alguien dentro de mi aparece y me transforma, una risa de otro que recoge la luz preferida por la luna. Puedo oír el eco del silencio absoluto, Es el sonido de la sombra de la hierba Iluminada por el metal de esta luna precisa. Poseso por una resonancia, El tiempo transcurre en varios ritmos, pero no hay pasado en este cuento, alguien que soy yo, dentro de mi aparece y me dicta cosas que ignoro. Y obedezco.


De la nostalgia, 5

Alelado bajo el sol, sobre la tapia,
soy un niño de cinco años narcotizado por la luz,
suspendido fuera del tiempo,
del tiempo que ahora es cosa ajena, intermitencia del paisaje,
sustancia del lejano horizonte de montañas azules.

Descubro un éxtasis perfecto, matutino,
hago parte del aire, soy brisa inaugural, soy ala y vuelo,
dejo de ser yo mismo felizmente fundido con la luz,
nazco y regreso.


De la nostalgia, 6

Es distinto este decir que aquel hechizo,
me repito enredado en la guerra de encontrar las palabras.
Ayer iluminación, hoy trampa, evasivo poema,
rescoldo apenas del vuelo del amor o el asombro,
huella penosa de las noches felices, 
juego el poema de la luna conmigo, en la noche de ahora.
Está además el vano consuelo de mi desmemoria: 
que conozco la dicha.
Y está también la certeza más sabia y más inútil: 
que hay alguien dentro de mí perdido,
que envejezco.

 

Darío Jaramillo Agudelo
Santa Rosa de Osos, Antioquia 1947

Estudió Derecho y Economía en la Universidad Javeriana de Bogotá. Ha publicado libros de poesía: Historias (1974), Tratado de retórica (1978), Poemas de amor (1986), Del ojo a la lengua (1995) y Cantar por cantar (2001); y de prosa: La muerte de Alec (1983), Guía para viajeros (1991), Cartas cruzadas (1995), Novela con fantasma (1996), Memorias de un hombre feliz (1999) y El juego del alfiler (2002).

Recibió el Premio Nacional de Poesía en 1978 y fue candidato al Premio Rómulo Gallegos del año 2003.