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Arizona

En estas estériles llanuras
donde antes el humo
fue palabra entre los hombres
ahora el asfalto
el ruidoso desasosiego de las máquinas
o la radio que repite
descoloridas canciones de amor
en la gasolinera desolada
Nadie podrá usurpar jamás sin embargo
su vasta morada a los reptiles
en cuyo encendido ocaso
crepitan milagrosamente
los cactus y las zarzas

Russian river

Sobre la verde lentitud del agua,
madurada por el drástico verano,
una hoja amarilla de sauce me revela
que ese sofocado paisaje
que huye y que se queda, es un río.
También sé, por la trucha que salta
a cazar un insecto, que el agua está viva
y que es misteriosa y clara,
y que lejos, muy lejos,
para que esto suceda,
se abrazan los astros.
Desnudo, tendido sobre la arena,
humildemente,
como otro animal cualquiera,
también yo festejo el verano-


El miedo

En cualquier lugar puede ocultarse el miedo.
Buscas detrás de las cortinas, en el armario,
entre las sábanas, buscas debajo de la cama
a ese cruel rostro indescifrable que gime con el viento,
que acecha en el casi imperceptible temblor de los
aaaaa cristales,
que ríe entre los leños.
Buscas, en vano buscas a ese ser despiadado
que habita los álgidos nervios del agua,
la oscuridad de la casa vacía,
que habita la palabra que no se atreve a pronunciar
aaaaa tu garganta
desde la noche más horrible de tu infancia.

La carroza de piedra

Por algún sinuoso sendero de la memoria
ha regresado a esta noche
la enorme piedra negra
que para los días de la infancia
fue carroza.

Como si una droga temeraria
me guiara hasta el ensueño,
he vuelto a verme
sentado con mi amigo en el pescante,
fustigando con varas de bambú
a los temblorosos caballos
hundidos en el fango.
Y los venerables líquenes
se han convertido en joyas
apetecibles para los villanos
por su maciza heráldica de plata.

Otra vez,
como en la ilusoria huida de aquel tiempo,
al ver nuestro oscuro carruaje
varado entre la hierba,
he dirigido con mi amigo
la mirada hacia lo alto,
y hemos visitado de nuevo,
como hace tantos años,
por entre el variable paisaje de las nubes,
las azules y olvidadas
comarcas del cielo.

Fernando Herrera
Medellín 1958


Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Antioquia. Ganó el Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia en 1985, con el libro En la Posada del Mundo. En ganó una beca de creación en poesía otorgada por el Instituto Colombiano de Cultura, producto de la cual es el libro La Casa Sosegada (1998). Ha trabajado como editor de obra gráfica. En 2002 fue ganador del premio Cote Lamus con el libro Sanguinas.