Counter Stats
accomodation gold coast
accomodation gold coast Counter

 

Las momias también tienen su Complejo

Están ahí.
Sudan, tiemblan, se les oye gritar
y sus ruidos atraviesan el viento.
Es toda una fauna rugiente
de monstruos estacionados.
Les veo, les toco, vivo entre ellos
me subo a sus lomos
escudriño cada uno de sus orificios
les conozco, me conocen.
A diario les visito y soporto
sus inmundas flatulencias;
dragones roncantes, grillos en el oído,
gigantes y enanos de metal,
ogros de digestión continua.
Tienen su cohorte que les alimenta,
todos devotos incondicionales de su secta
y muchos y variados menestreles como yo
dispuestos por la paga o por los hijos
a vender los sueños y envejecer
sosteniendo sus caprichos.
Somos un poco como ellos
águilas encadenadas, leones inválidos,
seres anclados en su fundo
pálidos cultivadores de la rutina.

Regresiones

3

La pala ha llenado con afán
la boca de la fosa.
Dentro, recién acomodados, yacen
los despojos que sufrieron el vaivén
del burdo cofre descendente.
Tremendo lastre debe llevar
en sus alforjas transmigrantes
el cuerpo que percibe desde su mortaja
el aterrador sonido de sandalias
dibujando sobre la tierra
pasos de despedida, cuando se alejan
aliviadas de su enojoso fardo.

La espera

Aquí
bajo la sombra de estos días
que crecen como árboles
junto a estos años
arrumados a un lado de mis huesos
convivo yo, solitario y ajeno
unido al ruido permanente de mi sangre
en espera del viejo y sabio silencio.


Horas

Algunas veces las horas
transitan los alares de la oscuridad,
con un ronroneo de animal
desprevenido y sin memoria.
Un ente de andadura apacible
que no teme al tiempo ni a la espada del alba.

Hay cuerpos que en esas horas profundas
se despojan del aire, liberan para siempre,
con tranquiulidad, la pesadilla de los días,
la cotidiana carga de los ojos abiertos.

Tal vez falte la sonrisa de un dios,
la caricia de un ángel,
pero tengo la leve sospecha de que no basta
el inventario de vigilias, el recuento de soles,
para que el destino propicie
pisadas amables sobre el alar de los sueños.

 

La lección

He ido aprendiendo
la lección de las palabras.
Una frase cualquiera, por ejemplo,
se tarda lo que requiere el hambre
para descubrir el cuesco de una fruta.
Un poema es otra cosa.
A él se llega con la misma paciencia que pone el mar
cuando lima con su espuma la roca,
o con la misma rabia lenta con que se desgasta
el freno en la boca de un caballo.


Rafael Espinosa
El Centro (Santander)

El autor desde muy temprana edad se ha destacado por su dedicacción a la lectura y siempre próclive a esa actividad, sobrevive en su oficio. Sin embargo, sus críticos más cercanos le reconocen como un eximio benefactor del ocio y realzan su incuestionable capacidad para eludir algunas responsabilidades. Mientras litiga, vive en espera de un golpe de suerte que le dé la gloria de morirse temprano y sonriente. Mientras, come, duerme, fornica y porsupuesto los demás sufren.
Ha publicado el libro de poemas Cuando la nostalgia se calienta. Mientras va con su cámara por las calles capturando los instantes, huyendo de los expedientes como kafka, va preparando su nuevo libro.