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Böhm

Los siglos son como anillo al dedo,
Analogía que aborda el sonido de los labios,Se encuentra y se desafía esos principios, sin pasos.

No es suficiente
Estas raíces descomponen
La sabiduría.................................. el karma multifacético
Conciencia arbitraria

Las neuronas que componen el estallido del vientre.
Los dedos, dos testigos ciegos.
El silencio y las cuerdas vocales revierten su nudo.
Sin piano desgastado, saben a tabúes amargos,
Renaciendo en un solo encuentro, grito.
Morderse la lengua hasta que sepa a oro, anestesia color/ plata,
Hasta por fin flotar en diminutas misericordias.
Y se dialoga con ese único enigma, la franja de retoques
Se abisma y el trayecto sigue desde lejos,
Trances, trances, derrotas, el águila apunta a una sola/ victoria.

Soñar gris, despertar púrpura y dormir totalmente azul.
El remolino sanciono los eclipses, en una aguja aguda.


Debate, luna de Marte

Enredarse en las laderas,
es el árbitro,
el camino descompuesto,
que enumero,
y retuerce el último paso.

Sílabas que componen lo obtuso de los pesos,
de las aldeas en medio del sol,
resumir las gotas
en el ocre,
sanar de a pocos, como
una citación urgente.
Agrandar, retocar y reducir
esta esfera, alcanzarla con los dedos,
el alba traza últimas rectas

y vuelvo, vuelvo,
e intento poner las alas a descansar, redondear el aroma,
el dramaturgo,
el remedio,
la sanación,
la salvación,
el alambre que sujeta la cuerda, que aún no conoce olvido.

Se necesita de dos lunas, caricias, una estrella perdida,
las piedras en la mesa, la arena en los dedos,
se necesita de reconciliarse con uno mismo,

de procrear el universo, de reinventar el siglo dorado,
de saber que las rutas de Neptuno
son el camino al menguante,
el peso se estanca en montañas de Marte, que reptan.
Y el sonido tan gélido de los trazos, de los caminos grises,

pero sin embargo el tiempo que libera y compone,
revienta el nudo,
se drena la lluvia roja, el marco mojado de la ventana.

Y ahora,
ahora,
El eclipse esta en mi lengua,
mis sienes se marcan en otro giro,
se explora,
se cautiva,
para bailar el tango de noche,
segmentos,
y esta última nota devuelve
el aire a estas plantas ahuecadas,
de frente y alto se grita al ciego descongelado.

Ruinas de frente,
como algarabías de sedantes, de lenguas y ritmos sedosos.


Baúl con semillas

Reptar en el punto,
Y segundos después,
el fuego llega para derivar
el pensamiento posmoderno, tan exiliado y alterno.

 

Encontrar el centro, donde albergan los rostros empapelados,
Donde sueño es solo un deseo,
Que calma los dedos, las púas y los saltos sin dedicación,
Se deja de esperar las razones y los porqués son solo eiteración.

Ahora, mi tinta recorre este sendero,
Y la luz roja
Se fragmenta como vía ajena y una nueva orden.
Una nueva dirección,
Que pierde la nube amorfa, verde y pálida,
Es hoy cuando el tiempo se encuentra
Detrás de las líneas silenciosas,
Ahora canta una vez más.


True Clock

Salvar el destino del destierro,
Refugiar tres escamas.
La marcha sigue
Y Dalí vuelve al resto.

Retornar a la

S
I
L
L
A

V
A
C
I
A

Esperar el regreso, los lentes se desenvuelven,
Levitar con nombre reducido,
Alcanzando el trono, tronco de amuletos después del mar rojo.

La desviación
De tres monedas,
Es el espejo de las salidas y espectros,
Comienzos,
Como refugios dorados, leves.


Tractatus

Estrecho el paso,
Se navega entre el paraíso submarino,
Rincón de ausencias y remiendo de cal
Se sintoniza la cruz del comienzo
Y el cuarto de la luna enumera la grandeza.

Se envía el campus sin nombre,
Corro y brillo,
La cornea retuerce el esfuerzo,
Mis pasos se concentran en sostener
El péndulo de recuerdos, ausencias.
Y trato de no fragmentar
Las laderas para dejar de entretener
Las marchas, el polvo, el camino de sombras.

Lo nombro diciendo nuevos ecos,
Vayan abajo las voces del auge,
Del reloj, del formato wittgensteniano.
Para desplegar la multiplicidad,
El origen del lugar,
Con un solo edificio,
Se alborotan los nuevos roces
Y el grito que no fue aceptado.
Dejar ir las trompetas
Y así después se liberan las cortezas
De los mismos dos árboles, refugiados.

 

Angie Lucía Puentes
Bogotá 1992

Nació el 10 de Agosto de 1992 en Bogotá, Colombia. Es estudiante de último año de Bachillerato del Colegio Nuevo Gimnasio. Su amor a la Palabra y esa convicción total acerca de la verdad interior poética que la habitan, la convierten en una joven escritora con grandes perspectivas como poeta.

Seguramente, Angie Lucía Puentes buscó en lo más profundo de su ser, como le indica Rainer Maria Rilke a los jóvenes poetas, y en la hora más callada de la noche, reconoció que se acercaría a la muerte si en su diario vivir no existiera la escritura. Nadie tomó esta decisión por ella, contra viento y marea se propuso, desde los 14 años, ser su propia intérprete que con lápiz y papel, o frente a su computador, descifra los signos y los vértices de sus incipientes conflictos, de sus dudas y de su realidad.

Sus poemas, su dedicación a este oficio y la búsqueda incesante y apasionada de ese camino que la lleve directamente a la Poesía, la sacan del contexto común de una simple estudiante de colegio, y la elevan al nivel de una poeta en formación, que hoy publica su primer libro, como si fuera la primera y última meta en su vida, puesto que ha entendido que debe edificarla, desde esa perspectiva de dar testimonio de su más profunda realidad.

Ha realizado Talleres de teatro, mitología y poética en la Casa de Poesía Silva. Durante el 2007 llevó a cabo recitales en The Poet´s Pasaje, junto a Lady Lee Andrews, en San Juan, Puerto Rico. Así mismo participó en The 1st Cultural Marathon, 24 hours of Art, en Queens, New York, acompañada del Centro de Culturas y Poetas de New York.

Participó en el V Congreso de Literatura Infantil y Juvenil: Literatura y Mujer, organizado por el Colegio Nuevo Gimnasio, en octubre de 2009.

La cuestión del recuerdo y de la poética ha sido el matiz desligado de las fronteras claras en el tiempo ajeno y en los nuevos días, sanación de criptas y voces que pestañean en nuevas pistas aleatorias como la búsqueda, el hurgar las cenizas del templo es hallar el principio, el fin, sin medida se descubre y se coloca de cerca en una dialéctica de ocre. Tinta Bruna es el mandato y la epidermis de la utopía conjugada en varios senderos, reptan desterrados hasta encontrar las letras en el mismo espectro.