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Fantasmas S.A.

 De esta empresa somos socios
nadie nos conoce
a nadie hacemos falta.

Somos tan numéricos y gentiles,
intentamos huir del anonimato
inventando fechas
para organizar celebraciones.
Nada nos convoca,
nadie nos invita,
salvo lo que duerme
o no vuelve nunca.

Cada año nuevo
planeamos la reunión anual de socios
para entregar el balance
de nuestras vidas mentirosas.

Esta empresa vive quebrada
ni aún cuando morimos
alguien desea
recibir nuestras acciones.


La Tabla Esmeralda

Si como arriba abajo,
los dioses también serán cruzados por el frío
cuando en las noches largas
un firmamento vacío los cobije.
Y pasarán sus tardes frenéticas
bebiendo angustias
en los tazones de los paraderos atestados.
Si como arriba abajo,
los dioses irán en fila
a consultar las pitonisas
para huir de sus días
plagados por los fragmentos
de un dicha descompuesta.
Si como arriba abajo,
los dioses soñarás despiertos
alcanzando un horizonte
que se aleja esquivo
mientras a sus casas
llegan felices los viajeros
que vienen del país de las cobranzas
con los recibos relucientes.

Si como arriba abajo,
será la esperanza lo primero que se pierda.

La dama de las camelias

Los fantasmas le piden limosna al viento
alimentos invisibles
servidos por los que van de paso
al país de las alas.

Bajo las nubes pregoneras
los muertos olvidados
hacen fila esperando mejores vidas.

Algunos fantasmas se agolpan
como aves de rapiña
cuando alguien les tira un hola desvelado.

Entre la algarabía de las voces
el tiempo teje ramos marchitos
sobre la tela de las almas.

Los gritos secos son los billetes
con los que compro el boleto al miedo.


Carusso

Siempre que me canto
me sorprendo con la cascada de ruidos
que se van por el sifón.

Me canto en la ducha para limpiar mi voz
del cascajo que dejan los fantasmas
de mis días infelices.

Entonando entono
sones de sobras,
racimos de instantes,
melodías compuestas de risa.

Tras las muchachas
ensayo tocatas,
y si tomo la batuta
una que otra cae en mi canto.

Me canto de todo,
y cuando me hallo en medio de la calle
los espíritus impulsan la lluvia
siempre hay que afinar bajo la ducha.

Sancho

Estoy ahíto hasta el cogote
de las cosas que me engordan
con su brutal armonía fantástica.

Estoy ahíto de la moda
que ceno sobre las bandejas frágiles
de las calles que cruzan
mi ínsula opulenta.

Estoy ahíto,
son los manjares de otro tiempo
lo que busco para llenar mi panza
fragmentada por el silencio y el sigilo.

Que sean mis viandas lo invisible,
lo que pierde e inflama el firmamento,
sólo lo que no existe
es bueno para engordar
lo que ansiamos tan adentro.
Ahora lo sé,
estoy ahíto
y ni las dietas del Hidalgo
me dan una respuesta.

Lázaro

 

Todas las mañanas hay un Lázaro,
asombrado se acurruca ante el amanecer
y piensa cómo son de infames los sueños.
Acaso algo en su interior
le recuerde que a lo largo de la vida
uno muere varias veces.
Y los Lázaros se levantan,
se preparan el desayuno cuando hay pan,
salen a la calle
a esperar que el deceso los rescate.
No he visto un sólo Lázaro feliz:
todos le reniegan a la noche
la mala puntería de la muerte.
Sólo algunos fantasmas anónimos
se burlan de su Lázaro,
saben que tras las sombras
siempre hay una tumba.

 

Papillon

La vida está hecha
de cosas simples,
de cosas locas;
columnas van y vienen
sosteniendo nuestros sueños.

De cosas simples la vida
construye el vuelo de las mariposas,
los ojos que se delíen en el horizonte,
la ilusiones,
el pan del desacierto
y la cuchara para comer de la angustia.

La vida, de cosas simples,
arma el alboroto
para que los futuros fantasmas crean en un dios
o en una guía servida para sus pasos.

De cosas simples,
al azar,
la vida nos conjura
para que olvidemos la mezcla
universal del desengaño.

Jaime Londoño (Federico Cóndor)
Bogotá 1959


Poeta, editor y diagramador. No quiso el derecho, pero añora el Externado. Se graduó de literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá. Organizó, junto con otros poetas, el Primer encuentro de niños poetas colombianos. Promovió, junto con María Claudia Arrubla, el Segundo encuentro de estudiantes de letras y ciencias sociales, patrocinado por La Facultad de Literatura de la Universidad Javeriana. Libros de poemas: Hechos para una vida anormal, Alquimistas Ambulantes, Mago sólo hay uno y Fantasmas S.A. Sobre antropología cultural ha publicado Epitafios: algo de historia hasta esta tarde pasando por Armero. Compiló Antología Domingo Aatrasado, en la que recoge las voces de algunos poetas jóvenes. Para los estudiantes de colegio escribió los libros educativos: Competencias escriturales de prejardin a once. Junto con Doris Amaya, cordina, para la Casa de poesía Silva talleres dirigidos a los niños de los colegios distritales, dentro del programa Escuela-Ciudad-Escuela. Tiene un taller de poesía gratuito desde hace 10 años los domingos a las 3 pm en el parque de Usaquén.

 

 

Fantasmas S.A.

Juan Manuel Roca

 

Parece una tautología: todo fantasma pertenece a una sociedad anónima, como anónimo es su nombre. Por algo, y al decir de Jaime Londoño, estos seres del trasmundo “le piden limosna al viento”.

 

Si algo tiene la poesía de Londoño es que, en su trato con los fantasmas de la imaginación, con esa suerte de endriagos que son las cosas poco visibles pero imaginables, es que ella le sirve de caserón a sus presencias para que jueguen a placer, a su aire, a su legítimo antojo.

 

Pero no se crea que se trata de una poesía complaciente porque esté tocada de una generosa ironía. Hay un entrevero de dolor y de burla y un deseo de colonizar temas y territorios que no tienen una sacralizada heráldica poética. Ni siquiera cuando habla de la última e íntima relación de Li Po con la luna cede a los falsos lirismos. Parece recordarnos con Don Alfonso Reyes que “hasta los perros sienten la necesidad de aullarle a la luna llena, pero eso no es poesía.

 

Una gavilla de Lázaros redivivos sentencias “la mala puntería de la muerte”. Caruso o su fantasma operático, se sorprende de “la cascada de ruidos que se van por el sifón”. Sancho se niega a seguir las dietas de razón a las que quisiera someterlo el Hidalgo que sabemos. Toda una empresa hecha de sombras, de incertidumbres, conforma el libro Fantasmas S.A. Los socios de esa evanescente empresa saben que nadie los conoce, que a nadie hacen falta, pero es porque a su vez no conocen a este poeta que emplea la palabra como si fuera una ouija.

 

En todos estos poemas hay, además de ese trato con los fantasmas, una serie de preguntas sobre el destino, el azar, lo que llamamos pomposamente la muerte: la muerte que es un corredor de fondo frente al que perdemos todas las apuestas por la vida con el pasamontañas de una supuesta fantasmalidad. Bajo todo ese río subterráneo yace el mascarón de proa de su poesía.

 

Es la suya una voz personal, despojada, que sin pretenderlo se inserta en un pequeño filón de la poesía colombiana, el de Gotas amargas de Silva, el de Suenan timbres de Vidales, el del dulceamargo de Luis C. López, esto es, un filón que sale de una poética de ideas pero también de imágenes desplegadas como burla de sí y de los demás, o como burla de los demás en sí mismo.

 

Es de agradecer que los poemas de este libro nos recuerden que “son indispensables los fantasmas, / si no fuera por su baile / a nadie le importaría el pasado”.

 

He ahí, de eso se trata, de ver desde el callejón de la historia, desde un espejo retrovisor, una larga ronda de fantasmas, lo que con grandilocuencia llamamos la humanidad: multitudes que fueron, que somos y que serán, entrando a una casa que desabitan la muerte y el tiempo a su antojo.